Aunque la respuesta de Belén parecía no tener fisuras, Tobías insistió con desconfianza:
—En la casa hay de todo para cocinar. Yo se lo preparo, tú quédate con ella. Ya es muy tarde, no me siento tranquilo si sales sola.
Belén se giró para mirarlo y afirmó con firmeza:
—Pero dijo que quiere el de ese restaurante en la colonia Alameda.
Al oír esto, Tobías guardó silencio por un momento.
Pero enseguida, añadió:
—Entonces voy contigo.
Belén lo miró y dijo:
—Alejandra está aquí. Ayúdame a cuidarla, tengo miedo de que Ismael regrese.
Tobías iba a decir que con Mateo era suficiente, pero Belén, sin darle tiempo a responder, se dio la vuelta y caminó hacia el elevador.
Tobías la observó alejarse, con un creciente sentimiento de inquietud.
Mateo también había notado que algo no cuadraba en el comportamiento de Belén, así que le dijo a Tobías:
—Tobías, mejor sigue a mi cuñada. Yo me quedo aquí.
Con eso, Tobías se sintió más tranquilo y corrió tras ella.
Al llegar a la entrada del edificio, vio a Belén subiendo a un taxi.
No alcanzó a detenerla antes de que el carro arrancara.
Sin embargo, el vehículo no se dirigió hacia la colonia Alameda, sino hacia la colonia Del Valle.
En ese instante, Tobías tuvo la certeza de que todo lo que Belén había dicho era mentira.
Sin dudarlo, detuvo otro taxi y le ordenó al conductor:
—Siga a ese carro de adelante.
Después de unos treinta minutos de trayecto, el taxi se detuvo frente a un complejo de apartamentos.
Belén se bajó y se mezcló con la gente que entraba.
Justo cuando estaba a punto de cruzar la entrada, Tobías la agarró del brazo y la jaló hacia atrás.
La miró con furia y le preguntó a gritos:
—¿Qué crees que estás haciendo?
Belén se sorprendió al verlo, pero rápidamente compuso una expresión inocente.
—No estoy haciendo nada.
Los ojos de Tobías eran afilados como cuchillos. La miró fijamente y dijo:
—¿No ibas a la colonia Alameda a comprar estofado? Esto es la colonia Del Valle.
Belén miró a su alrededor y luego respondió:
—Ah, creo que me equivoqué de camino.
Fue entonces cuando Belén se derrumbó. Con el cuerpo tenso, le gritó a Tobías, rota por la angustia:
—¡Ismael es un animal, merece morir! ¡Voy a castrarlo y a dárselo de comer a los perros!
Tobías le apretó la mano con más fuerza.
—Y después de que lo hagas, ¿qué pasará contigo?
Belén ya lo había pensado.
—Me entregaré a la policía.
—¿Y yo? —continuó él—. ¿Qué haré yo?
Belén negó con la cabeza, mientras las lágrimas caían sin cesar.
—No lo sé —dijo.
Llevaba la navaja, y sí, había pensado en hacerle pagar a Ismael de la peor manera.
Pero en el fondo, sabía que no se atrevería.
Sin embargo, había venido hasta aquí. Aunque solo fuera para gritarle a Ismael en la cara o darle una bofetada.
Cualquier cosa, pensó, con tal de vengar a Alejandra.
Al ver a Belén llorar con tanto desconsuelo, a Tobías se le partió el corazón. La abrazó con fuerza, atrayendo su cabeza hacia su pecho, y le susurró con ternura:
—Confía en mí, yo haré que pague por lo que hizo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....