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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 554

Dicho esto, y sin darle a Belén la oportunidad de adivinar sus intenciones, abrió la puerta de la habitación y salió.

A Belén, el atrevimiento de Tobías le provocó un sudor frío. Miró su espalda con espanto y, casi por instinto, le gritó:

—¡Tobías, regresa!

Pero apenas salió de la habitación, Tobías se encontró de frente con Gonzalo Soler y Eva, que se disponían a bajar las escaleras.

Al ver a los padres de Belén, un escalofrío recorrió a Tobías. Sin embargo, se obligó a mantener la calma. Dirigió la mirada hacia la pareja, que lo observaba con curiosidad, y los saludó con una sonrisa:

—Señor, señora.

Gonzalo y Eva se quedaron atónitos al verlo. Cuando escucharon su saludo, intercambiaron una mirada y luego respondieron con una sonrisa forzada:

—Buenos días.

En la habitación, Belén sintió que la situación empeoraba. Su corazón latía con fuerza, pero no pudo articular palabra.

Tobías se armó de valor y se acercó a ellos.

—Tú… —comenzó a decir Gonzalo, confundido.

—Señor, llegué anoche —explicó Tobías, sonriente—. Era muy tarde, por eso no los saludé. Espero que no les moleste.

Sus palabras tenían un claro matiz de «primero actúo, luego pregunto».

Gonzalo, al escucharlo, repitió con voz temblorosa:

—Tú… tú…

Sin embargo, se contuvo de decir algo desagradable. Después de todo, estaban en casa de los Soler, y si Tobías había logrado entrar, no era un problema que solo le concerniera a él.

Al ver que Gonzalo no decía nada más, Tobías se dirigió a Eva:

—Señora, voy a bajar a calentar leche para Belén. ¿Le caliento una taza a usted también?

Eva se sorprendió por un momento, pero ante tal amabilidad, no pudo negarse.

—Oh, claro, sí, gracias.

Dentro de la habitación, Belén sentía un frío que le calaba los huesos. Sin arreglarse, bajó las escaleras junto con Tobías.

Solo entonces Tobías se apresuró a quitar la tapa de la olla. Con la prisa, el vapor le quemó la mano.

Soltó un quejido y dejó caer la tapa de golpe.

Belén reaccionó de inmediato, le tomó la mano y la puso bajo el chorro de agua fría.

Mientras lo hacía, no pudo evitar regañarlo:

—Si no sabes hacerlo, no te hagas el valiente. ¿Ahora que te lastimaste estás contento?

Tobías escuchó sus regaños sin molestarse. La miraba de perfil con una sonrisa tierna en los ojos.

—Es precisamente porque no sé hacerlo que tiene más mérito que lo intente, ¿no crees? —dijo al cabo de un momento.

—Qué presumido —resopló ella.

Tobías siguió sonriendo sin responder. Un segundo después, la rodeó por la espalda con su otro brazo, abrazándola por completo. Apoyó la barbilla en su cabeza y le preguntó con seriedad:

—Cuando te divorcies, ¿aceptarías que intentáramos salir? ¿Ser mi novia?

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