Rodrigo, sentado al otro lado de la mesa, con el cabello completamente encanecido por los años, frunció el ceño con pesadez al escuchar la pregunta.
Tras un largo y tenso silencio, decidió contarle la verdad.
—No estoy cien por ciento seguro de los detalles, pero es un hecho que retiró todo el financiamiento para el laboratorio.
El solo hecho de mencionarlo parecía agregarle años de cansancio al rostro del hombre.
Sin embargo, al instante su expresión se suavizó y le dedicó una cálida sonrisa.
—Pero no te mortifiques, afortunadamente contamos con apoyo gubernamental. Ese laboratorio no se va a venir abajo tan fácil.
A pesar de las palabras de aliento, Belén no pudo evitar sentirse invadida por la culpa. Lo miró con preocupación evidente.
—Maestro Rodrigo... ¿esto les traerá problemas graves a ustedes?
Él restó importancia al asunto con un simple movimiento de hombros.
—¿Y de qué nos vamos a asustar? Tus calificaciones y tu talento son innegables.
Ante semejante muestra de apoyo, Belén esbozó una sonrisa tímida, aunque la inquietud seguía rondando en su pecho.
—Muchas gracias, maestro Rodrigo.
Cuando el mesero trajo la comida, Belén apenas y probó bocado. Su mente seguía estancada en la carta de aceptación. Si Fabián realmente estaba detrás del boicot financiero y el maestro Rodrigo insistió en darle su lugar, entonces tarde o temprano el maestro sufriría las consecuencias.
Entre más lo pensaba, más le pesaba la angustia.
A mitad de la cena, clavó la mirada en la carta que reposaba sobre la mesa. Era lo que más había deseado, su sueño profesional, y ahora que lo tenía en sus manos, sentía un sabor amargo que no le permitía celebrar.
Llena de culpa, tomó una decisión drástica: iba a devolverle la oportunidad para no perjudicar al maestro.
Justo cuando abrió la boca para decírselo, el celular de Rodrigo empezó a sonar.
Por el bullicio del restaurante, a Belén le fue imposible escuchar de qué se trataba, así que dejó los cubiertos a un lado y se quedó observándolo en silencio.
Al responder, Rodrigo tenía una sonrisa amable, pero a medida que escuchaba, su expresión se volvió rígida y preocupada.
Después de unos largos y tensos segundos, finalmente respondió:
—Entendido, voy para allá inmediatamente.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....