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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 988

El impacto de la botella de agua congelada justo en la herida de su pierna la dejó paralizada. Sentía como si la zona estuviera a punto de estallar del dolor.

Al ver el sufrimiento de su cuñada, la furia se apoderó de Dolores. Giró la cabeza y fulminó a Cristian con la mirada, gritándole llena de desprecio:

—¿Vienes a gritar a la puerta de otra persona y encima la lastimas? ¿Qué clase de hombre eres? ¡Eres un cobarde!

El orgullo de Cristian, herido por el regaño, hizo que su rabia hirviera aún más. Apuntó su dedo acusador hacia Dolores y le gritó a todo pulmón:

—¿Y tú qué te crees? ¿Con qué derecho me gritas? Solo eres una cualquiera que se pasea entre las camas de los empresarios, ¿y tienes el descaro de hablarme así?

Aunque sus palabras fueron extremadamente hirientes, Dolores se mantuvo inalterable.

Su tiempo en el mundo del modelaje la había curtido; había escuchado e ignorado insultos muchísimo peores que las pataletas de un niño inmaduro.

Las palabras de Cristian no lograron causarle el más mínimo malestar.

Manteniendo una postura elegante, Dolores lo enfrentó con frialdad:

—¿Eso es todo lo que sabes hacer? ¿Ladrar amenazas como un perro? ¿Ya averiguaste qué clase de basura es tu adorada Frida? Si eres tan hombrecito, ve a reclamarle a tu hermano por no haber sabido proteger a su mujer.

Cristian se quedó sin palabras por un segundo.

—¡Tú... tú solo dices estupideces! —tartamudeó.

Dolores soltó una carcajada irónica.

—¿Por qué tartamudeas? ¿Dónde quedó toda tu valentía de hace un minuto? ¿Tu hermano sabe que defiendes con tantas ganas a su mujer?

El rostro de Cristian se puso rojo de la vergüenza y la ira. Apuntó hacia ella, furioso:

—¡Tú... me las van a pagar! ¡No permitiré que se salgan con la suya!

—Aquí te espero sentada —le respondió Dolores, sin perder la compostura.

Cristian dio media vuelta, furioso y derrotado, pero Belén lo detuvo con voz firme.

—Cristian.

Él frenó en seco y la miró con resentimiento.

—¿Qué quieres ahora?

El rostro de Belén era una máscara de serenidad, y su tono de voz fue completamente calmado.

—¿Recuerdas a Cintia Ramírez?

Al escuchar ese nombre, la expresión de Cristian se endureció y un atisbo de culpa asomó en sus ojos.

—¿Por qué sacas su nombre? —preguntó a la defensiva.

Él la miró con desafío.

—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que se entere de la verdad?

Dolores recogió la botella de agua congelada del suelo y se la lanzó con fuerza.

—¡Lárgate!

Pero Cristian no estaba dispuesto a irse en silencio. Miró fijamente a Belén y soltó su veneno:

—Si quieres saber qué le pasó a Cintia, pregúntale a tu querido Tobías. A ver si te cuenta todo lo que le hizo.

Belén se quedó paralizada por un instante, pero rápidamente recuperó el control y soltó una risa desdeñosa.

—Si sabes tan bien lo que Tobías le hizo a Cintia, entonces también debes saber lo que ella y tú me hicieron a mí, ¿no? Si vas a intentar sembrar discordia entre Tobías y yo, al menos usa tácticas más inteligentes, Cristian. Armar todo este circo no tiene sentido y solo logra que te desprecie aún más.

Dicho esto, Belén se apoyó en el brazo de su cuñada.

—Cuñada, vamos adentro. Que siga haciendo su berrinche si quiere, no vale la pena prestarle atención.

Cristian apretó los puños, con el rostro inyectado en ira, y les gritó por la espalda:

—¡Me las pagarán!

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