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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 100

Pasaron varios días antes de que Adrián volviera a buscar a Victoria.

No apareció en su trabajo ni intentó averiguar su dirección por otros medios. Se limitó a enviarle un mensaje en el que reconocía haber reflexionado sobre lo sucedido durante el evento y le pedía una conversación breve relacionada con el divorcio.

Victoria leyó el mensaje varias veces.

No voy a presentarme sin aviso. Elige el lugar y la hora. Necesito hablar contigo y aceptaré las condiciones que pongas.

La mención del divorcio la llevó a pensar que Adrián finalmente estaba dispuesto a firmar sin convertir el proceso en una disputa legal. Por esa razón, y no porque deseara volver a verlo, aceptó reunirse con él en un restaurante discreto cerca de su oficina.

Adrián ya estaba allí cuando llegó. Se levantó al verla, aunque no intentó acercarse más de lo necesario.

—Gracias por venir.

Victoria tomó asiento frente a él.

—Acepté porque dijiste que querías hablar del divorcio. Si esto se convierte en otra discusión como la del evento, me iré.

—Lo entiendo.

Ella dejó el bolso junto a la silla.

—Entonces habla.

Adrián respiró con calma antes de comenzar.

—Lo que hice la última vez estuvo mal. No debí intentar besarte después de que dejaste claro que querías distancia.

Victoria no esperaba que iniciara con aquella disculpa.

—No —respondió—. No debiste hacerlo.

—Actué por celos y miedo, pero eso no lo justifica.

Ella permaneció en silencio.

Adrián continuó sin recurrir a explicaciones generales.

—También quiero pedirte perdón por nuestro aniversario. Sabía la fecha y aun así te dejé esperando para en la mañana irme al hospital. Victoria bajó la mirada.

—No fue la única vez.

—Lo sé. Hubo muchas cenas en las que llegué tarde o no llegué, y tú siempre encontrabas una razón para disculparme. También abandoné tu cita médica después de asegurarte que te acompañaría.

El recuerdo seguía doliendo, aunque escuchar que Adrián lo reconocía despertó algo que Victoria intentó mantener bajo control.

—Elegiste a Fernanda —dijo.

—Sí, y lo hice sin pensar en lo que significaba para ti. También permití que mi madre, tus padres y muchas personas de nuestro círculo te trataran como una sustituta. Escuché comentarios, vi cómo te hacían sentir fuera de lugar y guardé silencio porque era más sencillo que enfrentar a todos.

Victoria apretó los dedos sobre su regazo. Durante años había querido que Adrián comprendiera cada una de esas cosas, pero escucharlas ahora no borraba las noches ni los momentos en los que necesitó que la defendiera y él no lo hizo.

—¿Por qué ahora? —preguntó.

—Porque cuando te fuiste empecé a ver todo lo que dabas por hecho que yo nunca notaba. Las cuentas que pagabas, los compromisos que resolvías, las veces que cuidaste al abuelo y todo lo que hiciste para que yo pudiera estar en el hospital sin preocuparme por nada más.

Victoria sostuvo su mirada.

—Agradezco que lo reconozcas.

Adrián pareció aferrarse a aquella frase, pero ella continuó antes de que pudiera interpretarla como algo más.

—Eso no significa que una disculpa repare lo que viví estos años ni que vuelva a abrirte la puerta.

El dolor apareció en el rostro de Adrián, aunque no intentó ocultarlo.

—No sé cómo compensar todo ese tiempo.

—Quizá no puedas.

—Quiero intentarlo.

Victoria sintió que la conversación se alejaba de la razón por la que había aceptado verlo.

—¿Vas a firmar el divorcio?

Adrián guardó silencio, fue suficiente para que Victoria se recostara en la silla, decepcionada.

—Pensé que habías pedido esta reunión porque estabas dispuesto a terminar el proceso sin convertirlo en un pleito.

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