Adrián llevaba casi veinte minutos en el salón cuando encontró a Victoria entre los asistentes. Aunque el evento estaba abierto a empresarios, clientes y proveedores, él solo había ido porque sabía que ella estaría allí y necesitaba verla, aunque fuera desde lejos. Victoria hablaba con dos representantes de una firma extranjera junto a una mesa de exhibición. Llevaba una carpeta bajo el brazo y se expresaba con una seguridad que Adrián nunca había visto dentro de la mansión.
—El concepto puede conservarse —explicó ella—, pero necesitamos adaptar la presentación al mercado local. Si usamos el mismo lenguaje en todos los países, la campaña perderá cercanía.
Uno de los hombres revisó las muestras.
—Eso implicaría producir varias versiones.
—Sí, pero también evitaría invertir en un mensaje que no conecte con el público.
El representante tomó nota mientras Adrián observaba cómo Victoria resolvía dudas, reorganizaba la presentación y recibía invitados sin esperar indicaciones. La escuchaban por su criterio, no por ser esposa de un Montenegro o hija de los Altamirano.
Después la vio sonreír mientras Laura le decía algo cerca del escenario. No era la sonrisa medida de las cenas familiares, sino una más relajada. Daniel se acercó, le entregó unos documentos y se inclinó para explicarle algo con una cercanía respetuosa que despertó los celos de Adrián.
Aquella escena le mostró algo que no estaba preparado para aceptar: lejos de él, Victoria no parecía perdida, sino que estaba creciendo.
Esperó hasta que ella se apartó del grupo.
—Victoria.
La sorpresa cruzó por su rostro, aunque desapareció enseguida bajo una cordialidad impecable.
—Adrián. No sabía que vendrías.
—El evento era abierto.
—Lo sé.
La educación distante con la que lo trataba le dolió más que una respuesta hostil.
—Necesito hablar contigo.
Victoria miró hacia el equipo.
—Estoy trabajando.
—Solo cinco minutos.
Ella consultó la hora.
—Tienes dos.
Adrián señaló un pasillo lateral.
—¿Cómo estás?
—Bien.
—No respondes mis llamadas.
—Necesito distancia entre nosotros.
—También ocultaste la dirección exacta de tu departamento.
—No la oculté. Simplemente no te la di.
—Seguimos casados.
—Eso no significa que tengas derecho a saber cada uno de mis movimientos.
Adrián apretó la mandíbula.
—No puedes desaparecer como si los últimos tres años no hubieran existido.
—No desaparecí. Dejé de estar disponible para alguien que solo empezó a verme cuando sintió que me iba.
No encontró una forma honesta de negarlo.
—¿Daniel sabe dónde vives?
Victoria frunció el ceño.
—¿Eso es lo que querías preguntarme?
—Pasa demasiado tiempo contigo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....