Victoria terminó la llamada con el licenciado Rivas sin poder ocultar el cansancio en su voz.
—No puedo creer hasta dónde ha llegado Adrián.
Del otro lado de la línea, el abogado mantuvo un tono prudente.
—No está obligada a aceptar la condición, señora Montenegro. Podemos rechazarla y continuar por la vía legal.
Victoria cerró los ojos.
—¿Y cuánto tiempo puede alargar el proceso?
—Varios meses, quizá más, dependiendo de las objeciones que presente y de lo dispuesto que esté a negociar. No puedo asegurarle que sea rápido.
Aquello era justamente lo que Adrián sabía que ella quería evitar. Un juicio significaba audiencias, abogados, declaraciones y la posibilidad de que ambas familias convirtieran su matrimonio en un asunto público.
—Necesito pensarlo —dijo.
—No tome una decisión mientras esté molesta. Llámeme cuando tenga claro qué desea hacer.
Victoria colgó y dejó el teléfono sobre el escritorio.
Laura, que revisaba unas muestras a pocos metros, la observó con preocupación.
—¿Adrián volvió a negarse a firmar?
—Dice que lo hará.
—Eso debería ser una buena noticia.
Victoria soltó una respiración cansada.
—Solo si acepto una condición.
La oficina de Daniel se encontraba al otro lado de un muro de cristal. La puerta estaba entreabierta y, aunque él aparentaba concentrarse en unos contratos, había escuchado lo suficiente para saber que Adrián había encontrado una forma de prolongar el vínculo.
Quería acercarse y exigir detalles, pero comprendía que demasiado interés podía despertar preguntas que no le convenían.
Laura dejó las muestras sobre la mesa.
—¿Qué quiere?
Victoria no respondió de inmediato.
—Algo que considera razonable porque, según él, es la única oportunidad que tendrá de salvar el matrimonio.
—Eso no responde mi pregunta.
—Lo sé.
Laura se sentó frente a ella.
—No aceptes nada que te obligue a volver con él.
El silencio de Victoria fue suficiente para que su amiga entendiera que estaba cerca de la verdad.
—No puede ser —murmuró Laura—. ¿Quiere que regreses a la mansión?
Victoria apartó la mirada.
—No quiero hablar de los detalles todavía.
—Entonces sí tiene que ver con eso.
—Lo que quiere importa menos que lo que ocurrirá si me niego.
Laura frunció el ceño.
—Un juicio no puede ser peor que volver a esa casa.
—No lo sé.
Victoria se levantó y caminó hasta la ventana. Desde allí podía ver parte de la ciudad, aunque su mente seguía atrapada en la conversación con Rivas.
—No quiero pasar meses defendiendo cada decisión que tomé —dijo—. Tampoco quiero que nuestros padres intervengan, que Regina convierta esto en una guerra ni que Adrián utilice cada recurso legal para seguir retrasándolo.
—¿Crees que lo haría?
—Hace unas semanas habría dicho que no.
Daniel escuchaba desde su oficina mientras fingía leer un informe. Adrián no estaba actuando por amor únicamente; también estaba utilizando el conocimiento que tenía de Victoria. Sabía que ella evitaría una batalla pública si existía otra salida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....