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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 105

Victoria dedicó los siguientes dos días a dejar cada pendiente bajo control.

Revisó avances, reorganizó reuniones y preparó instrucciones detalladas para que Laura pudiera asumir parte de sus responsabilidades. Daniel aceptó los cambios sin cuestionarla, aunque permaneció más atento de lo habitual a cada movimiento.

—No tienes que dejar todo resuelto —le dijo mientras revisaban el calendario—. El equipo puede adaptarse.

—No quiero que mi ausencia se convierta en un problema para todos.

—No lo hará.

Victoria señaló una de las fechas.

—La nueva presentación con los inversionistas no puede moverse.

—Me encargaré.

—Y Laura debe recibir los reportes antes del viernes.

—También me encargaré.

La facilidad con la que Daniel aceptaba cada responsabilidad la hizo sentirse culpable.

—No deberías cargar con todo esto.

—Tampoco tú deberías estar pensando en un divorcio mientras intentas dirigir un proyecto de esta magnitud.

Victoria dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—Solo será un mes.

Daniel levantó la mirada.

—¿Eso es lo que pidió?

Ella comprendió que había dicho demasiado.

—No quiero hablar de la condición.

—No tienes que hacerlo.

Su respuesta llegó sin presión ni reproche, y esa aparente falta de curiosidad hizo que Victoria se relajara.

—Adrián dice que después firmará —explicó—. Si cumplo con lo acordado, no habrá juicio.

—¿Confías en que respetará su palabra?

Victoria tardó en responder.

—No tengo muchas opciones.

Daniel se inclinó contra el respaldo de la silla.

—Siempre hay opciones.

—No todas son soportables.

Él quiso decirle que no necesitaba regresar con Adrián, que podía pagar los mejores abogados y enfrentar a los Montenegro sin que ella tuviera que preocuparse por nada, pero sabía que ofrecer demasiado revelaría lo que sentía y el control que deseaba tener sobre la situación.

—Entonces asegúrate de establecer límites claros —dijo—. No permitas que convierta ese acuerdo en algo distinto.

Victoria sonrió con tristeza.

—Eso pienso hacer.

Durante el resto del día evitó cualquier conversación personal. Al llegar a su departamento, sacó una maleta pequeña del armario y la dejó sobre la cama.

No necesitaba llevar demasiadas cosas. No iba a regresar a la mansión como esposa ni a ocupar nuevamente el lugar que había abandonado. Solo cumpliría el acuerdo y, al final del mes, Adrián firmaría. Guardó ropa suficiente para varias semanas, documentos, artículos personales y el cargador de su computadora. Cada objeto que colocaba dentro de la maleta reforzaba la misma idea: aquello no era una reconciliación.

Laura llegó poco después con comida y encontró la maleta abierta.

—Así que vas a hacerlo.

Victoria dobló una blusa.

—Ya decidí.

—Todavía puedes cambiar de opinión.

—Y pasar meses en tribunales.

—Sería mejor que volver con él.

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