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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 127

La frase quedó suspendida en la habitación, porque Victoria no la dijo para reclamar un título ni para recordar una obligación, sino porque después de años sintiendo que su lugar podía desaparecer en cualquier momento necesitaba dejar claro que ella también tenía una voz dentro de esa historia. Pero Regina no lo interpretó así, la expresión de su suegra cambió de inmediato. La indignación que ya mostraba aumentó mientras observaba a Victoria como si acabara de escuchar una ofensa imperdonable.

—Eres una descarada.

Adrián frunció el ceño.

—Mamá.

Pero Regina no lo escuchó.

—¿Después de todo lo que ocurrió tienes el valor de decir eso? Tú fuiste quien pidió el divorcio.

Victoria sintió cómo la sorpresa comenzaba a transformarse en molestia. Durante años había intentado mantener respeto hacia Regina porque era la madre de Adrián, porque pertenecía a su familia y porque siempre había creído que debía cuidar las formas, incluso cuando los demás no tenían la misma consideración con ella.

Pero aquello era diferente, Regina había entrado a su habitación sin autorización, había interrumpido un momento privado y ahora pretendía juzgarla como si ella fuera quien había cometido una falta.

—Creo que después de entrar de esta manera a una habitación privada y actuar como si tuvieras derecho a decidir sobre mi vida, perdí el respeto que te tenía.

La respuesta hizo que Regina abriera los ojos con incredulidad.

—¿Perdiste el respeto?

Victoria sostuvo su mirada.

—Sí.

Hubo un silencio incómodo antes de que ella añadiera, todavía intentando mantener la calma:

—¿Acaso usted nunca discutió con su marido? ¿Nunca tuvo una relación íntima con él? ¿Nunca tuvo un momento privado que no quisiera que nadie interrumpiera?

La pregunta salió antes de que pudiera medir completamente sus palabras. Sabía que no era la forma más elegante de actuar, pero también sabía que había llegado a un límite. Durante años había aceptado comentarios disfrazados de consejos, comparaciones disfrazadas de preocupación y silencios donde todos esperaban que ella entendiera la posición de los demás. Esta vez no iba a hacerlo pero, lo que ocurrió después tomó a todos por sorpresa.

La mano de Regina golpeó su rostro y Victoria tardó unos segundos en reaccionar, no por el golpe en sí, sino por la incredulidad de que Regina hubiera cruzado ese límite.

—Cállate —dijo Regina con furia —. Siempre supe que esa apariencia de mujer indefensa no era más que una estrategia.

La frase quedó en la habitación, Victoria respiró profundamente mientras sostenía la sábana contra su cuerpo. Durante años había escuchado críticas que intentaban hacerla sentir menos que Fernanda, pero aquella vez era diferente porque ya no estaba dispuesta a recibirlas en silencio. Giró la mirada hacia Fernanda, quien seguía llorando mientras buscaba el consuelo de Adrián, aunque él ya no estaba concentrado en ella. Él se había apartado y comenzaba a vestirse con rapidez, todavía intentando comprender cómo algo que había comenzado con una cercanía que parecía imposible había terminado de esa manera.

Victoria volvió a mirar a Regina.

—La estrategia de mujer indefensa le corresponde a Fernanda no a mí.

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