Adrián salió de la habitación sin mirar atrás para ir tras Victoria, solo quería hablar con ella así que antes de salir por completo, miró hacia el pasillo y vio a dos empleados del hotel intentando entender la magnitud del problema. Adrián avanzó hacia ellos con una calma que solo volvía más evidente su enojo.
—Mi madre y la mujer que la acompaña no saldrán del hotel hasta que yo regrese —dijo—. Tampoco permitirán que nunca nadie entre nuevamente a mi suite.
Uno de los empleados intentó responder con prudencia.
—Señor, nosotros no podemos retener huéspedes.
Adrián lo miró.
—Entonces asegúrense de que no causen otro escándalo en mi nombre.
El tono bastó para que el personal entendiera que no estaba pidiendo un favor. Adrián no esperó más explicaciones y caminó hacia el ascensor, con la camisa apenas abotonada y el rostro endurecido por una mezcla de furia y ansiedad. Cuando salió del hotel, encontró a Victoria cruzando la entrada principal con pasos rápidos. No llevaba abrigo, solo su bolso sujeto contra el cuerpo y una dignidad que parecía sostenerla más que la tristeza.
—Victoria, espera.
Ella no se detuvo.
—No quiero hablar contigo.
—Necesitamos hacerlo, por nuestro matrimonio.
Victoria giró de golpe.
—¿Ahora sí?
Adrián se quedó frente a ella, respirando con dificultad.
—Sí, ahora sí.
—Qué conveniente, Adrián.
—No sabía que iban a venir.
—Eso lo entendí.
—Entonces ¿por qué te fuiste?
Victoria soltó una exhalación incrédula.
—Porque volteaste hacia ellas antes que hacia mí.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué?
—Fernanda lloró y tú volteaste.
—Fue un reflejo.
—Siempre lo ha sido, ese reflejo no es más que la verdad de a quien eliges sobre mí.
Él dio un paso hacia ella, pero Victoria levantó la mano para detenerlo.
—No lo hagas. No intentes explicarme como si yo no hubiera vivido tres años viendo la misma escena repetirse una y otra vez.
—Victoria, yo no estoy eligiendo a Fernanda sobre ti.
Ella lo miró con una mezcla de dolor y rabia.
—Lo hiciste todos los días.
Adrián apretó la mandíbula.
—No sabía lo que estabas sintiendo.
—Porque nunca preguntaste.
—No me lo dijiste.
Victoria se quedó inmóvil. La frase le llegó más hondo de lo que esperaba, no porque fuera cierta, sino porque cargaba todo lo que jamás se atrevió a decir. Miró hacia la calle, intentando controlar la emoción, pero ya era tarde. Había cosas que, una vez abiertas, no podían volver a guardarse.
—¿Qué querías que te dijera? —preguntó—. ¿Que estaba enamorada de ti desde antes de que te casaras conmigo?
Adrián se quedó quieto y Victoria sintió el golpe de su propio silencio roto y, aun así, no retrocedió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....