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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 149

La pregunta la hizo quedarse quieta más tiempo del necesario, porque aunque la respuesta legal era una, emocionalmente no sabía dónde colocar un matrimonio que la mantenía casada, separada, en proceso de divorcio y abandonada en un aeropuerto.

—Casada —dijo al fin.

La enfermera asintió sin juzgar y continuó con las preguntas de rutina. Le preguntó su edad, si había comido bien, si había dormido, si tomaba algún medicamento, si tenía antecedentes médicos importantes o si había presentado mareo antes del desmayo.

Victoria respondió como pudo.

—Solo he estado cansada.

—El cansancio puede influir, pero vamos a hacer algunos exámenes para descartar cualquier cosa.

Victoria frunció apenas el ceño.

—¿A qué se refiere con cualquier cosa?

La enfermera la miró con una calma profesional.

—A varias posibilidades, señora. Deshidratación, anemia, baja presión… y también necesitamos descartar un posible embarazo.

Victoria dejó de respirar por un segundo.

—¿Embarazo?

La palabra salió apenas audible y la enfermera sostuvo su mirada con suavidad.

—Sí. Es parte del protocolo.

Victoria se quedó inmóvil, con una mano sobre la sábana y el corazón golpeándole de una manera distinta, porque de pronto la noche en París dejó de ser solo un recuerdo imposible de olvidar. No, la idea era absurda.

Parpadeó varias veces, intentando recuperar el control de sus pensamientos antes de permitir que una posibilidad tan grande y tan ilógica se instalara dentro de ella. No podía estar embarazada. Había pasado apenas una semana desde aquella noche con Adrián, y eso era demasiado pronto para que su cuerpo estuviera reaccionando de esa manera. Los mareos, el cansancio y la debilidad tenían una explicación mucho más sencilla.

Había dormido mal, comido poco, llorado demasiado y cruzado países con una mezcla de dolor, rabia y miedo que ningún cuerpo podía sostener sin romperse.

Además, recordó algo que la hizo apretar los dedos sobre la sábana.

Aquella revisión médica que había intentado hacerse, cuando Adrián había dicho que la acompañaría, y que ella reprogramo cuando este se fue al hospital con Fernanda, talvez no debió posponerla. Porque desde antes de París ya se sentía cansada. Desde antes de esa noche había días en los que le costaba levantarse, en los que el cuerpo le pesaba de una forma extraña y ella lo atribuía al estrés, al divorcio, a las discusiones y a esa vida que parecía exigirle mantenerse entera incluso cuando por dentro estaba agotada.

París no había iniciado el cansancio, solo lo había vuelto imposible de ignorar.

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