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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 148

Daniel la sostuvo antes de que tocara el suelo.

—Victoria, mírame. Victoria, respóndeme.

Pero ella ya no pudo hacerlo y por un instante, Daniel se quedó paralizado con Victoria entre los brazos, sintiendo cómo el cuerpo de ella perdía fuerza mientras el cuaderno caía al piso y algunos clientes de la librería se giraban alarmados hacia ellos. No era así como había imaginado aquel encuentro. Había calculado una conversación, una coincidencia difícil de cuestionar, quizá una oportunidad para acercarse cuando Victoria se sintiera demasiado sola para apartarlo por completo.

No había calculado verla desplomarse.

—¡Necesitamos ayuda! —dijo una de las empleadas, acercándose con rapidez.

Daniel reaccionó al escucharla y acomodó a Victoria con cuidado, sosteniéndole la cabeza mientras la sentaba contra él en el suelo.

—Se desmayó. No sé qué le pasó.

—Voy a llamar a emergencias —respondió la empleada.

—Hágalo ahora.

La mujer corrió hacia el mostrador y otro empleado se acercó con una manta. Daniel la tomó sin pensar y la colocó sobre los hombros de Victoria, aunque ella no reaccionó. Tenía el rostro pálido, los labios apenas entreabiertos y una quietud que le provocó una ansiedad inesperada.

—Victoria —insistió en voz baja—. Vamos, despierta.

Pero ella no abrió los ojos.

La ambulancia llegó minutos después, aunque para Daniel el tiempo pareció estirarse de forma insoportable. Los paramédicos entraron con rapidez, le hicieron preguntas que él respondió de manera incompleta y revisaron a Victoria mientras uno de ellos le pedía espacio.

—¿La conoce? —preguntó el paramédico.

—Sí.

—¿Tiene alguna enfermedad conocida? ¿Toma medicamentos? ¿Está embarazada?

Daniel se quedó en silencio ante la última pregunta.

—No lo sé.

El paramédico lo miró apenas un segundo, y esa mirada fue suficiente para recordarle que, aunque había estado vigilando sus pasos, aunque conocía demasiado sobre los últimos días de Victoria, había cosas íntimas de su vida a las que no tenía derecho.

—La trasladaremos para valoración —dijo el paramédico—. ¿Usted viene con ella?

—Sí.

Lo dijo demasiado rápido y nadie se lo impidió.

Daniel subió a la ambulancia y permaneció junto a Victoria durante el trayecto, con una mano apoyada cerca de la camilla, sin tocarla. Las luces de la ciudad pasaban al otro lado de las ventanas, mezcladas con lluvia y tráfico, mientras él intentaba ordenar sus pensamientos. Podía llamar a Laura, pero eso significaría explicar por qué estaba con Victoria en Londres. Podía llamar a los abuelos de ella, porque desde luego había conseguido el contacto, pero todavía no estaba seguro de que debiera hacerlo.

También podía llamar a Adrián, la idea le tensó la mandíbula. No, Adrián ya había tenido demasiadas oportunidades de llegar a tiempo este era su momento de conquistar a Victoria.

En la clínica, fue llevada a un área de observación mientras Daniel intentaba seguirla, pero una enfermera lo detuvo antes de entrar.

—Necesitamos saber su relación con la paciente.

Daniel tardó un segundo en responder.

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