Corrió hacia su coche y salió detrás de ella, pero Londres no era su ciudad, las calles se cerraban, el tráfico lo atrapaba y cada giro lo alejaba más de las luces que intentaba seguir. Golpeó el volante con la palma de la mano, desesperado, hasta que dejó de lado todo orgullo y marcó a los abuelos de Victoria. La voz del abuelo respondió con frialdad.
—¿Adrián?
—Victoria se desmayó. Una ambulancia se la llevó. Necesito saber a qué hospital pudieron llevarla.
Hubo un silencio pesado.
—¿Cómo sabe eso?
—Porque estoy en Londres.
—¿La estabas siguiendo?
Adrián cerró los ojos un segundo.
—Sí.
El abuelo de Victoria respiró con evidente enojo, pero algo en su voz cambió cuando volvió a hablar.
—Ahora no me interesa discutir contigo muchacho. Desde esa zona, lo más probable es que la llevaran a la clínica más cercana. Te daré la dirección, pero escúcheme bien: si llegas antes que nosotros y mi nieta no quiere verte, te vas.
—Sí.
Adrián anotó la dirección y condujo como si cada semáforo estuviera robándole vida. Al llegar a la clínica, entró casi corriendo y lo primero que vio fue a Daniel en la sala de espera, con el teléfono en la mano y el rostro tenso.
No pensó y solo lo golpeó.
Daniel cayó contra una silla, aturdido, y tardó en reaccionar. Adrián volvió a avanzar sobre él como si toda la impotencia de París, el aeropuerto, la acusación falsa y el miedo por Victoria necesitaran salir por algún lado.
—¡Tú planeaste esto! —gruñó Adrián, sujetándolo por el abrigo. — Quieres robármela pero Victoria es mi esposa. ¿Entiendes? ¡MI ESPOSA!
—¡Estás loco! —respondió Daniel, intentando apartarlo.
Adrián le dio otro golpe, luego otro y otro más. Los gritos llenaron la sala hasta que dos guardias llegaron y los separaron. Daniel tenía sangre en el labio y Adrián respiraba con fuerza, con los ojos fijos en él como si todavía quisiera destrozarlo.
Los empujaron hacia la salida.
—Fuera los dos —ordenó uno de los guardias.
Daniel se limpió la sangre de la boca con el dorso de la mano.
—Sin importar lo que hagas, ya perdiste a Victoria.
Adrián dio un paso hacia él, pero el guardia lo detuvo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....