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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 153

—No.

Victoria abrió la boca para responder, pero Fernanda alzó los ojos hacia ella con una mezcla de tristeza y enojo que consiguió dejarla en silencio.

El recuerdo volvió a fragmentarse y la llevó a otras tardes, otras visitas y más juegos en los que Adrián buscaba a Victoria casi sin pensarlo. También aparecieron los silencios en los que Fernanda había aprendido a mostrar tristeza justo cuando los adultos podían verla.

—Ven, Victoria —decía Adrián mientras apartaba un lugar a su lado—. Tú puedes ayudarme.

—Yo también sé hacerlo —intervenía Fernanda.

—Entonces haz equipo con nosotros —proponía Victoria con inocencia.

Sin embargo, Fernanda se alejaba con los hombros caídos y esperaba a que Isabel o Ernesto notaran su expresión. Victoria contempló escenas que de niña jamás había logrado comprender: Fernanda negándose a comer cuando Adrián le prestaba demasiada atención, llorando encerrada en el baño después de que él eligiera sentarse junto a Victoria o apretando los puños cuando Regina comentaba lo encantadora que era su hermana.

—Fernanda, ¿por qué no pruebas el pastel? —preguntaba Isabel.

—No tengo hambre.

—Hace un momento querías una rebanada.

—Ya no quiero nada.

No habían sido dos hijas tratadas de manera distinta desde el principio. Sus padres las habían querido a ambas sin aquella culpa que años después terminaría cubriéndolo todo. Isabel abrazaba a las dos, Ernesto celebraba sus logros por igual y ambas recibían la misma atención.

Victoria lo vio con una claridad que la estremeció, porque durante años había creído que quizá había nacido en segundo lugar dentro del corazón de su familia.

Pero no había sido así. Algo cambió después, y ese algo tenía a Fernanda en el centro.

La última escena apareció con una nitidez que le heló la sangre.

Era de noche. Victoria debía estar dormida, pero se había levantado por agua y terminó deteniéndose en el pasillo al escuchar las voces de sus padres dentro del estudio.

—No es normal —decía Isabel, preocupada—. Fernanda no puede seguir reaccionando de esta manera cada vez que Victoria recibe atención.

—Son celos entre hermanas —respondió Ernesto, aunque su tono revelaba que ni él mismo estaba convencido.

—No son únicamente celos. Hoy empujó a Victoria porque Adrián quiso sentarse con ella y después comenzó a llorar como si la víctima hubiera sido ella.

—Victoria pudo haberse lastimado.

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