Fernanda caminó detrás de Regina con los ojos hinchados, aunque ya no lloraba. Había escuchado cómo confirmaba a Adrián que estaba con ella y, aunque Regina no la llevó al hospital, tampoco la dejó marcharse; la hizo entrar a la mansión Montenegro como si aún tuviera control sobre cada uno de sus movimientos.
—Pensé que me ayudarías —dijo al fin.
Regina se quitó los guantes con lentitud.
—Eso estoy haciendo.
—No. Tú piensas entregarme.
—Pienso evitar que te destruyas más de lo que ya lo hiciste.
Fernanda soltó una carcajada breve.
—Todos hablan como si yo fuera el problema.
—Hoy lo eres.
La respuesta la hizo quedarse quieta.
—¿Entonces no vas a ayudarme?
Regina se sentó detrás del escritorio.
—Si, pero pienso que sería mejor primero marcar límites. Ya sabes dejar las cosas en claro.
—Después de todo lo que hice por Adrián.
—Lo que hiciste fue aferrarte a él hasta confundir cariño con posesión.
—Lo amo.
Regina levantó la mirada.
—No. Lo necesitas como prueba de que ganaste. Antes no podía verlo pero después de lo de Paris ya me es bastante claro.
Fernanda apretó los labios y durante unos segundos su rostro perdió toda fragilidad.
—Tú también me usaste.
—Sí.
La respuesta la desarmó. Regina no intentó justificarse, y eso fue peor.
—Te usé porque creí que eras la mujer que mantenía a Adrián dentro del mundo que yo podía controlar. Tú me usaste porque yo era la puerta que te mantenía cerca de él. No finjas inocencia conmigo.
Fernanda respiró con dificultad.
—Entonces sabes que no voy a donar nada.
—Nadie puede obligarte a donar un riñón.
Fernanda pareció relajarse apenas.
—Gracias.
—Pero sí pueden obligarte a enfrentar quién eres cuando te niegas siquiera a hacerte las pruebas por tu hermana.
El alivio desapareció.
—No voy a ir al hospital.
—Sí vas a ir.
—Acabas de decir que nadie puede obligarme.
—Y no voy a obligarte. Voy a darte una forma de salir de esto sin que todos te vean como el monstruo que hoy decidiste mostrar que eres.
Fernanda guardó silencio.
Regina apoyó los codos sobre el escritorio y la miró con calma.
—Vas a hacerte la prueba.
—No.
—Escucha antes de volver a hacer una rabieta. Te harás la prueba, dejarás que todos crean que hablé contigo, que te convencí, que al final tu corazón de hermana pudo más que el miedo. Si no eres compatible, quedas como alguien que intentó ayudar y el asunto termina.
Fernanda entrecerró los ojos.
—¿Y si soy compatible?
Regina sostuvo su mirada.
—Entonces tendrás algo que Adrián necesita desesperadamente.
Fernanda dejó de respirar por un segundo.
—La posibilidad de salvar a Victoria.
—Exactamente.
—No pienso darle nada.
—No tendrás que hacerlo de inmediato.
Fernanda la observó con más atención. Regina se recargó en el respaldo de la silla, como si ya hubiera ordenado cada pieza en su cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....