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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 162

Adrián terminó de escuchar la voz al otro lado de la línea con la mirada fija en la puerta de la habitación de Victoria.

—No quiero errores —dijo en voz baja—. Mi esposa sigue en el hospital y no he tenido oportunidad de hablar con ella al respecto, así que todo debe hacerse con discreción. No importa el dinero.

Guardó silencio unos segundos, oyendo la confirmación final.

—Avísenme cuando esté listo.

Cortó la llamada justo cuando el ascensor privado se abrió al fondo del pasillo.

Regina apareció primero, impecable, serena, con esa elegancia que usaba como armadura. A su lado caminaba Fernanda con el rostro pálido, los ojos hinchados y una expresión cuidadosamente quebrada. Isabel y Ernesto se pusieron de pie de inmediato, como si el simple hecho de verla entrar ya mereciera alivio.

Adrián la miró sin ocultar su sorpresa.

Durante un instante, creyó que aquello era un milagro.

Fernanda había aceptado hacerse las pruebas.

No sabía qué le había dicho Regina ni qué había ocurrido entre ellas, pero si había logrado que entrara en razón, entonces no importaba. Victoria necesitaba opciones. Necesitaba tiempo. Necesitaba a alguien compatible antes de que su cuerpo siguiera deteriorándose.

—Estoy aquí —dijo Fernanda, con la voz baja—. Me haré los estudios.

Isabel se llevó una mano a la boca, emocionada.

—Mi niña…

Ernesto rodeó a Fernanda con un brazo.

—Es lo correcto.

Adrián observó la escena con una sensación amarga en el pecho. Antes, quizá habría interpretado aquel gesto como un acto de cariño familiar. Ahora entendía mejor. Isabel y Ernesto no solo estaban aliviados; la estaban premiando. Volvían a inclinarse hacia ella con esa ternura excesiva, con esa necesidad de suavizar cualquier incomodidad que Fernanda pudiera sentir, como si hacerse unos análisis ya fuera un sacrificio tan grande que mereciera ser recompensado antes de que ocurriera nada.

Fernanda bajó la mirada, pero aceptó el abrazo mientras Regina permaneció unos pasos atrás, observando en silencio. Adrián no le agradeció.

No todavía.

—Los médicos están esperando —dijo él.

Fernanda levantó los ojos hacia él.

—Lo sé.

—Entonces no perdamos tiempo.

Isabel quiso decir algo, quizá pedirle a Adrián más suavidad, pero Ernesto la detuvo con una mirada, porque aquella vez nadie podía permitirse convertir los sentimientos de Fernanda en el centro de la habitación mientras Victoria estaba detrás de una puerta, débil, conectada a monitores y dependiendo de una posibilidad que quizá ni siquiera llegaría.

Los estudios comenzaron esa misma tarde. Hubo muestras de sangre, análisis inmunológicos, evaluaciones cruzadas, preguntas médicas, firmas y explicaciones que Fernanda recibió como si cada paso le costara, aunque no se negó. Respondió en voz baja, permitió que la examinaran y dejó que Isabel sostuviera su mano mientras una enfermera le extraía sangre.

Adrián observó todo desde la distancia, sin confiar en ella, porque no podía, pero también sin intervenir, porque necesitaba que el proceso avanzara. Los días que tardaron en llegar los resultados se sintieron demasiado largos. Primero recibió los suyos y la noticia de que no era compatible lo destrozó, aunque intentó sostenerse con la poca calma que le quedaba; por eso, cuando el médico reunió a la familia en una sala privada, Adrián comprendió antes de escucharlo que Fernanda sí era la clave.

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