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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 168

Fernanda esperó que Adrián reaccionara con rechazo, con indignación o al menos con una duda visible que pudiera obligarla a llorar, a retroceder un poco y luego volver a presionar desde otro ángulo. Estaba preparada para eso. Había ensayado frases, silencios y gestos de dolor frente al espejo, porque sabía que Adrián no era fácil de doblar cuando decidía mantenerse firme.

Pero él no hizo nada de eso, el solo la observó con una calma que la inquietó.

—¿No vas a decir nada? —preguntó ella.

Adrián dejó pasar un segundo ante de responder.

—Estoy pensando.

—¿En qué?

—En la forma correcta de hacerlo.

Fernanda sintió que el pecho se le llenaba de una satisfacción tan intensa que casi perdió el control de su expresión.

—¿Entonces aceptarías?

Adrián dio un paso hacia la ventana y miró el pasillo del hospital a través del cristal interior. Había médicos, enfermeras y familiares moviéndose como si el mundo no acabara de ensuciarse dentro de aquella sala.

—Si eso es lo que necesitas para sentirte segura —dijo—, haré lo necesario.

Fernanda se llevó una mano a los labios.

—Adrián...

Él se volvió hacia ella.

—Pero habrá condiciones.

La emoción de Fernanda se frenó.

—¿Condiciones?

—Sí.

—Yo soy quien va a donar un riñón.

—Y Victoria es quien podría morir si perdemos tiempo.

Fernanda apretó los dedos.

—No me hables como si yo fuera la culpable de su enfermedad.

Adrián mantuvo la voz baja.

—No lo eres. Pero ahora tienes una decisión que puede salvarla.

La palabra salvarla le molestó. Fernanda no quería ser recordada como quien salvó a Victoria. Quería ser recordada como quien recuperó a Adrián. Había una diferencia enorme, aunque nadie más pareciera comprenderla.

—Dijiste qué harías lo necesario —insistió.

—Y lo haré.

—Entonces firma el divorcio antes del trasplante.

—Eso puede hacerse.

Fernanda se quedó quieta. No esperaba que esa parte fuera tan fácil.

—¿Y la boda?

Adrián la miró con una serenidad que habría parecido ternura a cualquiera que no conociera el odio contenido detrás.

—La boda será después.

La sonrisa de Fernanda desapareció.

—No.

—Fernanda.

—No. Si te divorcias de Victoria y luego algo cambia, tú puedes retractarte y ya no casarte conmigo.

—¿Crees que después de firmar un divorcio público podría fingir que nada pasó?

—Sí. Si Victoria sobrevive, sí.

Adrián se acercó un poco. No lo suficiente para tocarla, pero sí para obligarla a mirarlo.

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