Fernanda regresó a la mansión de sus padres con una expresión agotada y una calma que Isabel interpretó como resignación.
—¿Hablaste con los médicos? —preguntó su madre apenas la vio entrar.
Fernanda dejó el bolso sobre una mesa y permitió que la empleada le retirara el abrigo. Aún sentía en el cuerpo la tensión de la conversación, pero también una emoción peligrosa. Adrián había aceptado.
—Sí —respondió.
Isabel se acercó con cuidado.
—¿Y?
Fernanda bajó la mirada.
—Voy a donarle el riñón a Victoria tal y como todos esperan.
Isabel se cubrió la boca con una mano con gran alivio.
—Hija...
—No quiero hablar de eso ahora.
—Claro. Debes descansar.
Ernesto apareció desde el pasillo, serio.
—¿Lo harás?
Fernanda asintió.
—Sí.
Su padre cerró los ojos un instante, como si acabaran de quitarle un peso enorme. Ninguno de los dos le preguntó nada más. Tal vez no querían saberlo. Tal vez preferían creer que todo estaba ocurriendo por generosidad y no por negociación.
Fernanda agradeció esa cobardía. Más tarde, cuando estuvo sola en su habitación, cerró la puerta con seguro y sacó su celular. No llamó a Regina al menos no lo haría todavía, porque su futura suegra creía que el plan seguía siendo suyo.
Esa idea casi la hizo sonreír.
La madre de Adrián era útil, pero no confiable. Regina quería quitar a Victoria del camino, sí, pero también quería conservar el control sobre Adrián. Si pensaba que la boda no le convenía, podía retrasarla, cambiarla, suavizarla o incluso elegir a otra mujer cuando Victoria desapareciera. Fernanda no era ingenua. Había visto la forma en que Regina la miraba en los últimos días: como una herramienta defectuosa que servía, pero no debía manejarse sin vigilancia. No.
Esta vez no iba a permitir que nada le arrebatara el título de señora Montenegro. Se sentó frente al tocador y abrió una página de vestidos de novia. Quería empezar a ver diseños. No quería algo discreto ni quería una ceremonia pequeña, escondida bajo el pretexto de la salud de Victoria. Quería una boda que todos vieran. Quería entrar del brazo de Adrián, sonreír frente a cámaras, escuchar a la élite murmurar que el destino había corregido lo que el accidente interrumpió.
Y quería que Victoria lo supiera, si aun vivía para ese día mejor, así podría verla derrotada. La idea la dejó quieta un segundo. Después la corrigió en su mente. No, si Victoria sobrevivía, seguiría siendo un problema. Un recordatorio vivo. Una mujer enferma que podría despertar compasión en Adrián cada vez que respirara cerca de él.
Lo mejor era que el trasplante nunca ocurriera pero la condición para el matrimonio complicaba todo, porque él quería divorcio, trasplante y luego boda. Ella necesitaba divorcio, boda y ninguna cirugía. O al menos una forma de desaparecer antes de que pudieran llevarla a quirófano. Regina había mencionado el falso secuestro como solución, pero Fernanda ya no quería dejar ese asunto en manos de su futura suegra.
Necesitaba un plan propio, alguien que no hiciera preguntas, alguien lo bastante ambicioso para obedecer por dinero. Pensó en Marcos.
Había sido útil antes, aunque torpe. También era codicioso, resentido y fácil de convencer si se le ofrecía lo correcto. No pertenecía del todo a su mundo y eso lo hacía conveniente. Fernanda podía decirle a Regina que seguían con el plan original, pero modificar la salida por su cuenta.
Buscó el contacto de Marcos, sin embargo, antes de escribirle, Regina llamó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....