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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 170

Clara no debía estar cerca del despacho principal y lo sabía.

En la mansión Montenegro, cada empleado tenía claro hasta dónde podía moverse, qué puertas podía cruzar y cuáles debía fingir que no existían. Regina era estricta con esas divisiones, y aunque Adrián no solía ocuparse de esos detalles, Clara llevaba años aprendiendo que en aquella casa sobrevivía quien parecía no ver nada.

Pero esa tarde fue distinto.

Fernanda había llegado a la mansión poco después de que Adrian la mandara llamarla. Lo curioso fue que no llegó con sus padres, tampoco con la expresión frágil que usaba para engañar a todos. Entró con la espalda recta, la mirada encendida y una ansiedad difícil de ocultar. Adrián la esperaba y eso pareció alegrarla.

Clara los vio desde el pasillo de servicio mientras llevaba una bandeja hacia la cocina.

—Viniste bastante rápido —dijo Adrián—. No era necesaria tanta prisa.

Durante años, Clara había visto de cerca el daño que Victoria sufrió dentro de esa casa. La había visto caminar por los pasillos como si pidiera disculpas por ocupar espacio, mientras los demás hablaban de ella como si sus sentimientos pesaran menos que las decisiones de la familia.

Por eso, cuando Daniel se lo reafirmó, no le costó creerle.

Además, Daniel Reyes no llegó solo con palabras. También ayudó a pagar parte del tratamiento de su hijo cuando Regina se negó a tenderle la mano. Clara terminó convenciéndose de que él era quien realmente amaba a la señora Victoria, porque hablaba de ella como alguien que quería protegerla, no como alguien que buscaba usarla.

Y Victoria lo merecía. Era la única mujer de aquella mansión que siempre había apoyado al personal de servicio, la única que jamás discriminó a nadie. Si todavía hubiera estado ahí cuando su hijo entró en crisis, Clara sabía con absoluta certeza que ella sí la habría ayudado.

—Aquí están —le dijo a Fernanda—. Los papeles firmados. Se los entregaré a mi abogado y el proceso quedará concluido.

—Sabía que todavía quedaba algo de nosotros —dijo Fernanda.

Adrián dejó la pluma sobre el escritorio.

—Lo que importa ahora es que cumplas tu parte.

—La cumpliré.

—Después del trasplante concluiremos el resto.

El rostro de Fernanda se tensó.

—Adrián…

—Después.

Fernanda se acercó a él con una suavidad que no engañó a Clara. Había algo afilado detrás de esa dulzura.

—Entonces al menos hablemos de nuestra boda.

Clara sintió que se le helaba el pecho, pero sabía que no podía intervenir solo escuchar.

—Como acordamos, no quiero algo discreto. Después de todo esto, después de haber esperado tanto, merezco entrar a esta familia Montenegro como debí hacerlo desde el inicio.

Adrián la miró sin moverse.

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