Daniel llegó al hospital con el rostro de quien había aprendido a parecer tranquilo incluso cuando estaba moviendo piezas demasiado delicadas.
Victoria estaba despierta. Tenía la espalda un poco incorporada, el cabello recogido de manera sencilla y una manta sobre las piernas. Laura acababa de salir por café, dejando sobre la mesa algunas muestras pequeñas del proyecto para distraerla. Adrián seguía en la mansión Montenegro engañando a Fernanda.
Daniel aprovechó el momento.
—Te ves cansada —dijo.
Victoria sonrió apenas.
—Es una forma amable de decir que me veo terrible.
—Es una forma sincera de decir que sigues aquí.
Ella bajó la mirada hacia las muestras.
—Laura insiste en traerme trabajo como si eso pudiera hacerme olvidar dónde estoy.
—Tal vez no se trata de olvidar. Tal vez se trata de recordarte que no eres solo una paciente.
Victoria tocó una de las piezas con los dedos.
—Extraño eso.
—¿Trabajar?
—Sentirme útil de una manera que no tenga que ver con sobrevivir.
Daniel tomó asiento junto a la cama, manteniendo una distancia prudente. Sabía cómo hacerlo. No invadía. No exigía. Parecía escuchar incluso los silencios.
—El proyecto sigue avanzando —dijo—. Camila preguntó por ti.
—¿De verdad?
—Dijo que podía esperar. No es común en ella.
Victoria cerró los ojos un instante, con una emoción suave que la hizo parecer menos enferma por un segundo.
—Me gustaría volver.
—Vas a volver.
Ella lo miró.
—No digas eso como si pudieras saberlo.
Daniel sostuvo su mirada.
—No lo sé. Pero quiero creerlo.
La frase era sencilla, perfecta. Adrián habría dicho que iba a buscar al mejor médico, que movería contactos, que no permitiría errores. Daniel decía algo más pequeño, más humano. Algo que no la hacía sentirse un problema que debía resolverse.
—Hay algo que debo decirte —añadió él.
Victoria se tensó apenas.
—¿Pasó algo con el proyecto?
—No. Conmigo.
Daniel abrió la carpeta y sacó unos documentos médicos. No se los entregó de inmediato. Dejó que ella viera el membrete, los sellos, las fechas.
—Me hice algunas pruebas.
Victoria tardó en entender.
—¿Qué pruebas?
—Las de compatibilidad.
La habitación pareció quedar suspendida mientras Victoria apartó la mano de las muestras.
—Daniel, no.
—Déjame terminar.
—No tenías derecho a hacer eso sin decirme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....