Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 211

Victoria sintió que las palabras de Adrián le aflojaban una tensión que llevaba horas sosteniendo.

“Tú estás por encima de todo lo demás”.

No era una orden, no era un reclamo ni una forma elegante de exigirle explicaciones. Era una mano abierta. Una de esas que antes Adrián no sabía tender porque todo en él estaba acostumbrado a decidir, proteger, imponer y reparar desde su propio orgullo. Esa noche, sin embargo, la miraba como si por fin hubiera entendido que amarla también significaba permitirle hablar antes de juzgarla.

Victoria no retiró la mano de la suya.

—Necesito que me escuches sin pensar que estoy eligiéndolo a él.

Adrián bajó la mirada a sus dedos unidos y luego volvió a mirarla.

—No soy un hombre tan noble como para decirte que esa idea no me cruzó la mente.

—Lo sé.

—Tampoco voy a fingir que escuchar que te interesa ayudar a Daniel Reyes me deja indiferente.

Victoria respiró despacio.

—No te estoy pidiendo indiferencia.

—Entonces, ¿qué me pides?

Ella sostuvo sus ojos.

—Confianza.

La palabra pareció quedarse entre ambos con un peso mayor del esperado. Adrián la recibió sin responder enseguida, como si comprendiera que no tenía derecho a exigirla después de haberla quebrado tantas veces, pero también como si quisiera merecerla, aunque llegara tarde.

—Victoria —dijo al fin—, si no contestaste, mis celos buscaron la explicación más cruel antes que la más sensata.

—Mi teléfono dejó de tener señal. No lo noté hasta que salí del restaurante y el auto ya estaba avanzando. Cuando vi tus llamadas quise marcarte, pero Laura me llamó antes.

Adrián apretó suavemente su mano.

—Debí pensar eso.

—Estabas asustado.

—Estaba celoso.

—También.

Él soltó una respiración amarga.

—No me defiendas de mí mismo.

Victoria lo miró con ternura.

—No lo hago. Solo sé que no soy la única que está aprendiendo.

Adrián inclinó apenas la cabeza, y en esa rendición pequeña hubo algo que la conmovió más que cualquier declaración grandiosa.

—Durante años te pedí silencio sin decirlo —dijo él—. Te hice vivir en una casa donde cada una de tus necesidades debía esperar a que las mías, las de Fernanda o las de ambas familias fueran atendidas. Ahora que por fin vuelves a mí con una verdad difícil, lo mínimo que puedo hacer es no convertirla en una acusación.

Victoria sintió que los ojos le ardían, pero no bajó la mirada.

—Volví porque esto es mi prioridad.

Adrián se quedó inmóvil.

—¿Qué cosa?

Ella acercó la mano libre al pecho de él, justo sobre el saco, donde podía sentir el ritmo fuerte de su corazón.

—Esto. Tú y yo. Lo que estamos intentando construir, aunque lleguemos tarde, aunque haya demasiadas personas alrededor queriendo decidir por nosotros, aunque todavía duela lo que pasó. No fui con Daniel. Vine contigo porque antes de moverme hacia cualquier deuda, necesito saber dónde estamos tú y yo.

La dureza en el rostro de Adrián cedió por completo.

—Estamos aquí —respondió, con la voz más baja—. Y si de mí dependiera, no volverías a sentir que tienes que elegir entre tu gratitud y mi amor.

Victoria cerró los ojos un segundo.

—No es tan sencillo.

—Lo sé.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO