Victoria bajó las escaleras con paso tranquilo.
No caminaba para llamar la atención. Tampoco para evitarla. Solo avanzaba como alguien que había decidido no pedir perdón por ocupar el espacio que le correspondía, aunque durante años le hubieran enseñado lo contrario.
El vestíbulo permaneció en silencio unos segundos.
Regina fue la primera en recuperar la compostura. Su mirada recorrió el vestido marfil, el peinado sencillo, la postura serena de Victoria. No encontró nada que pudiera criticar sin parecer injusta, y eso pareció molestarla más.
—Te cambiaron el vestido —dijo.
Victoria llegó al último escalón.
—Yo lo cambié.
Fernanda estaba sentada en un sillón cercano, vestida en tonos suaves, con una manta ligera sobre las piernas. El equipo de fotografía había preparado luces, fondos y algunos arreglos florales en la sala principal. Todo estaba pensado para envolverla en una imagen de recuperación delicada.
Victoria no necesitó mirar demasiado para entender el montaje.
Fernanda debía ser el centro.
Ella debía acompañar.
—Te ves muy bien, Vicky —dijo Fernanda con una sonrisa dulce.
—Gracias. Tú también.
El cumplido fue correcto. Nada más.
Adrián seguía de pie junto a la mesa central. No había dicho nada desde que Victoria apareció. La miraba con una atención que ella sintió incluso antes de cruzar la sala. No era la mirada distraída de otras veces. Tampoco la mirada funcional con la que antes comprobaba que ella estuviera presentable para un evento.
Era otra cosa.
Victoria no quiso descifrarla.
—Podemos empezar —dijo Regina, girándose hacia el fotógrafo.
El fotógrafo, un hombre de unos cuarenta años con trato amable y actitud profesional, observó al grupo.
—Primero haremos algunas tomas de la señora Fernanda con su familia directa. Después incluimos al señor Montenegro y a la señora Victoria.
Regina asintió.
—Perfecto.
Las primeras fotografías fueron tal como Victoria esperaba. Fernanda con Isabel y Ernesto. Fernanda con Regina. Fernanda junto a Adrián, quien se inclinó un poco para quedar cerca de ella mientras la cámara capturaba una imagen de apoyo y familiaridad.
Fernanda sonreía con ternura.
Adrián también sonreía, pero Victoria notó algo distinto en él. Sus gestos eran correctos, atentos, pero una parte de su mirada se desviaba hacia donde ella estaba.
Y Fernanda también lo notó.
—Adrián —dijo con suavidad—, ¿te acercas un poco más? Parece que estás lejos.
Él corrigió la postura de inmediato.
—Claro.
El fotógrafo tomó varias imágenes.
—Muy bien. Ahora una toma general.
Todos se acomodaron en la sala principal. Regina indicó lugares con naturalidad de anfitriona. Isabel permaneció junto a Fernanda. Ernesto detrás de su hija mayor. Adrián a un lado. Victoria quedó cerca del extremo, como si el encuadre pudiera incluirla sin darle demasiado peso.
El fotógrafo miró por la cámara y frunció apenas el ceño.
—Señora Victoria, ¿puede acercarse un poco al centro?
Regina intervino antes de que Victoria se moviera.
—Así está bien. Queremos que Fernanda tenga espacio.
El fotógrafo bajó la cámara.
—Lo entiendo, señora Montenegro, pero visualmente queda desbalanceado. Si la señora Victoria se acerca, la composición mejora.
Victoria caminó dos pasos hacia el centro.
No fue un gesto grande.
Bastó.
La sala pareció cambiar.
Uno de los asistentes, una joven encargada del vestuario, susurró sin darse cuenta:
—Qué porte tan bonito tiene.
Victoria la escuchó, pero fingió no hacerlo.
Fernanda también la escuchó.
La sonrisa de Fernanda permaneció intacta, pero sus dedos se cerraron con más fuerza sobre la tela de la manta.
—Perfecto —dijo el fotógrafo—. Señora Victoria, gire un poco el rostro hacia la luz. Eso es.
Adrián la observó desde su lugar.
Victoria no posaba como alguien que necesitara demostrar belleza. Su serenidad venía de otro sitio. De una renuncia, quizá. De una decisión interna que la hacía verse menos frágil que antes. No estaba intentando competir con Fernanda, pero su sola presencia tenía una fuerza que él nunca había notado de esa manera.
O quizá sí la había tenido siempre.
Y él no la vio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....