Fernanda no necesitó que nadie le explicara lo ocurrido en la comida social.
Lo vio en los rostros.
En la rigidez de Regina cuando volvió al salón. En la forma en que Adrián salió detrás de Victoria sin mirar hacia ella. En los comentarios de algunas invitadas, que dejaron de preguntarle por su recuperación y empezaron a hablar del proyecto de su hermana con una curiosidad que antes no existía.
Victoria ya no se quebraba con facilidad.
Eso fue lo que más inquietó a Fernanda.
No era solo que trabajara. No era solo que Daniel Reyes la acompañara en ese mundo profesional que parecía darle confianza. Era que Victoria había aprendido a permanecer de pie incluso cuando alguien intentaba reducirla. Antes, Fernanda podía mover apenas una frase y ver cómo su hermana bajaba la mirada, tragaba dolor y sonreía para no incomodar a nadie.
Ahora Victoria seguía sonriendo, sí.
Pero ya no parecía pedir permiso para hacerlo.
Esa noche, Fernanda esperó a que Adrián estuviera en la sala pequeña. Regina hablaba por teléfono en la biblioteca e Isabel había regresado a casa de los Altamirano. Era el momento adecuado para mostrarse tranquila, razonable, incluso generosa.
—Estuve pensando —dijo Fernanda desde el sillón, con una manta sobre las piernas.
Adrián levantó la mirada del documento que no había logrado leer.
—¿En qué?
—En lo tensa que se ha vuelto la familia.
Él dejó el papel sobre la mesa.
—Han sido semanas difíciles.
—Lo sé. Y no quiero empeorarlo.
Adrián la miró con atención.
Fernanda bajó la vista a sus manos, en un gesto medido que la hacía parecer vulnerable sin exagerar.
—Siento que mi regreso lastimó más de lo que ayudó. Todos intentan comportarse con cuidado, pero se nota que hay cosas sin resolver.
—No tienes la culpa de todo eso.
—No dije que la tuviera. Pero sí soy parte.
Adrián no respondió.
Fernanda aprovechó el silencio.
—Por eso pensé en hacer algo distinto. Algo que nos ayude a cerrar heridas, al menos frente a los demás.
La frase le resultó incómoda a Adrián, aunque no supo por qué.
—¿Qué tienes en mente?
—Una sesión de fotos familiar.
Él frunció apenas el ceño.
—¿Fotos?
—Para la fundación, para los medios sociales de la familia. Nada exagerado. Solo una imagen de unión. Mi recuperación, ustedes apoyándome, la familia tranquila. Podría ayudar a detener rumores.
Adrián pensó en Victoria de inmediato.
—No sé si sea buena idea.
Fernanda inclinó la cabeza.
—¿Por Victoria?
Él no respondió enseguida.
—No quiero ponerla en una situación incómoda.
Fernanda sostuvo una sonrisa suave.
—Precisamente por eso quiero incluirla. Si no aparece, todos pensarán que hay conflicto. Si aparece, demostramos que somos una familia madura.
La palabra madura le recordó demasiadas conversaciones con Regina.
—Victoria puede no querer hacerlo.
—Lo entendería —dijo Fernanda, con una dulzura impecable—. Pero sería triste. Después de todo, somos hermanas. No quiero que parezca que estamos compitiendo.
Adrián notó la frase, pero no logró tomarla como acusación directa.
—Hablaré con ella.
—No la presiones. Solo dile que para mí sería importante.
Fernanda sonrió con cansancio, como si la propuesta naciera de bondad pura.
Adrián aceptó hablarlo.
Más tarde encontró a Victoria en el estudio, revisando unas muestras junto a su computadora. Ella levantó la vista cuando él entró, pero no cerró la carpeta ni se puso tensa. Esa serenidad le dolía más que el enojo.
—Fernanda quiere organizar una sesión de fotos familiar —dijo él.
Victoria dejó la pluma sobre la mesa.
—¿Para qué?
—Dice que puede ayudar a bajar la tensión. Mostrar unión, cerrar rumores.
Victoria lo miró unos segundos.
—¿Y espera que yo participe?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....