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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 217

Victoria continuó mirando la fotografía durante el trayecto a la mansión. Había ampliado la imagen tantas veces que los detalles empezaban a perder forma, pero seguía reconociendo el vestido de Fernanda, el bolso junto a la camilla y la pulsera que ambas recibieron de Isabel años atrás.

—Era ella —murmuró.

Adrián no intentó negarlo.

—Todo apunta a eso.

—El hombre que está junto a ella se llama Marco. Una vez se acercó a mí para hablar y, aunque en ese momento me pareció extraño, ahora entiendo que algo no estaba bien. Fíjate: llevaba a Fernanda hacia una entrada privada y nadie intentó detenerlo. ¿Cuántas personas tuvieron que participar para meterla en un quirófano sin que mis padres ni tú lo supieran?

—Todavía no lo sabemos.

Victoria apagó la pantalla y se llevó una mano al abdomen.

—Estoy viva porque le quitaron una parte de su cuerpo.

—Tú no lo sabías.

—Acepté la operación.

—Porque te dijeron que el donante estaba de acuerdo. Estabas demasiado enferma y confiaste en los médicos.

—Fernanda intentó hacerme daño. Tal vez todos pensaron que esto era una forma de obligarla a compensarlo.

Adrián giró hacia ella.

—No hay forma de compensar una agresión cometiendo otra.

Victoria cerró los ojos. Durante semanas había pensado en Daniel cada vez que despertaba, comía, caminaba o regresaba a una consulta. Cada avance parecía recordarle que alguien había arriesgado su salud para darle una vida que ella debía merecer.

—Creí que se lo debía todo.

—No.

—Fui a verlo porque pensé que estaba sufriendo por mí. Permití que su nombre entrara otra vez entre nosotros porque me sentía responsable.

Adrián sostuvo su mano.

—Aunque Daniel hubiera sido el donante, no le debías tu tiempo, tu afecto ni tu cercanía. Ayudar a alguien no concede derechos sobre su vida.

—Suena sencillo cuando lo dices.

—No lo es. Fernanda y yo vivimos años confundiendo deuda con cariño. Sé lo fácil que es quedarse junto a alguien porque crees que marcharte te convierte en una mala persona.

Victoria abrió los ojos. Adrián rara vez hablaba de Fernanda sin defensas ni excusas.

—¿Eso fue lo que te mantuvo cerca de ella?

—Durante mucho tiempo. Culpa, costumbre y la idea de que debía devolverle la vida que perdió. Ninguna de esas cosas era amor.

Victoria bajó la mirada hacia sus manos unidas.

—Daniel me ayudó cuando yo necesitaba volver a trabajar. Confió en mis diseños y me dio un sitio donde no era la esposa de nadie.

—Eso ocurrió.

—¿No vas a decir que todo fue parte de su plan?

—No lo sé. Quizá te reconoció profesionalmente y después decidió utilizar lo que hizo por ti. Una acción buena no vuelve inocente todo lo que viene después, pero una mentira tampoco borra automáticamente cada momento anterior.

La respuesta alivió una presión que Victoria no había sabido expresar. Temía que para elegir a Adrián tuviera que negar todo lo vivido con Daniel, como si reconocer que alguna vez confió en él fuera una traición.

—Pensé que tus celos te harían entrar a su habitación y obligarlo a hablar.

—Lo pensé.

Victoria lo miró.

—Gracias por la sinceridad.

—También pensé en sacarte de ese hospital y ordenar que Daniel nunca volviera a acercarse. Pero eso habría sido repetir lo mismo. Tomar una decisión sobre tu vida porque yo creo saber qué te conviene.

—Estás cambiando.

—Estoy intentando no perderte de la misma forma dos veces.

Victoria se acercó un poco más. No necesitaba una declaración mayor. La diferencia estaba en que podía hablarle de otro hombre sin sentirse interrogada.

—Yo también tengo miedo de equivocarme —admitió—. A veces no sé si desconfío porque veo algo real o porque todo lo ocurrido me enseñó a esperar una traición.

—Entonces lo revisaremos juntos.

—¿Sin ocultarme información?

—Sin ocultarte nada.

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