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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 216

Victoria miró el teléfono como si la voz del investigador pudiera corregir lo que acababa de decir.

—Debe haber un error.

—Estoy revisando el registro original —respondió el hombre—. El número de identificación pertenece a una paciente mujer. Parte de la información fue sustituida después de la cirugía.

Adrián desactivó el altavoz.

—Averigua el nombre y quién autorizó el cambio.

—Necesitaré unas horas.

—No las tienes.

Terminó la llamada y volvió hacia Victoria. Ella había perdido color, pero mantenía la espalda recta.

—Daniel pudo usar otra identificación para protegerse —dijo—. Las personas poderosas hacen ese tipo de cosas cuando quieren conservar su privacidad.

—No con el registro biológico de un trasplante.

—No eres especialista.

—No. Por eso tengo a alguien verificándolo.

Victoria se apartó unos pasos. Necesitaba una explicación que no destruyera todo lo que creía saber sobre la cirugía. Daniel había estado en el hospital. Apareció debilitado y permitió que todos pensaran que había arriesgado su vida. Ella lo visitó, le agradeció y cargó durante semanas con una deuda que había condicionado cada decisión.

—Si él no fue, ¿quién lo hizo? —preguntó.

Adrián pensó en Fernanda, pero no pronunció su nombre. Su desaparición el día del trasplante, el teléfono localizado dentro del hospital y la llegada de un donante cuya identidad nadie quiso revelar ya no parecían hechos separados.

—No voy a darte una respuesta sin pruebas.

Victoria levantó la mirada.

—Ya tienes una sospecha.

—Sí.

—Dímela.

Adrián se acercó.

—Fernanda desapareció dentro del hospital el día que te operaron.

Victoria retrocedió.

—No.

—Su teléfono permaneció allí varias horas.

—Fernanda huyó porque intentó desconectar mis equipos.

—Eso fue lo que todos creímos.

—No pudo donar un riñón. Ella jamás habría aceptado.

—Tal vez no aceptó.

El sentido de esas palabras la golpeó y tuvo que apoyarse contra la pared.

Adrián extendió una mano, pero esperó hasta que Victoria asintió antes de sostenerla por el brazo.

—Respira despacio.

—No me digas que me tranquilice.

—No lo estoy haciendo. Solo quiero evitar que te caigas.

Victoria se llevó una mano al abdomen. La cicatriz de la operación parecía adquirir otro significado ante aquella posibilidad.

—Yo acepté el trasplante porque dijeron que el donante lo hacía voluntariamente.

—Lo sé.

—Fernanda intentó matarme y aun así no merecía que hicieran algo así con ella.

—Nadie lo merece.

—Estás diciendo que alguien la obligó.

—Estoy diciendo que debemos encontrarla.

Victoria cerró los ojos. Sobrevivir ya le había dejado una culpa difícil de manejar cuando creyó que Daniel se ofreció voluntariamente. La posibilidad de llevar dentro de sí una parte de Fernanda obtenida contra su voluntad era mucho más dolorosa.

—Quiero hablar con Daniel.

Adrián se interpuso sin tocarla.

—Ahora no.

—No decidas por mí.

Él se apartó de inmediato.

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