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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 52

Adrián no se fue de inmediato.

Salió del taller, pero se quedó junto al auto con la puerta abierta y el saco sobre el brazo. El chofer esperó instrucciones, aunque él no dijo nada.

Desde la entrada aún escuchaba voces. Laura hablaba del calendario de campaña. Daniel respondía con calma. Victoria intervenía poco, pero su voz sonaba serena.

Cómoda.

Sin él.

La idea le pesó más de lo que quiso admitir.

Había llegado creyendo que solo quería confirmar que estaba bien. Pero la encontró rodeada de personas que la celebraban, con un acuerdo firmado y una vida que avanzaba sin pedirle permiso.

No era solo culpa.

Era la necesidad incómoda de recuperar un lugar que había descuidado tanto tiempo que ya no sabía cómo reclamarlo sin parecer injusto.

Cuando Victoria salió, llevaba el bolso en un hombro y una carpeta contra el pecho. Daniel caminaba a su lado.

—Revisamos los puntos legales con Camila antes de enviar la versión final —dijo él.

—Sí. Quiero evitar cualquier mención familiar —respondió Victoria.

Adrián se enderezó.

Ella lo vio y se detuvo.

—Pensé que te habías ido.

—Quería llevarte a casa.

La frase salió como si todavía bastara con estar ahí para recuperar una costumbre antigua.

Victoria miró el auto y luego a él.

—Llegué por mi cuenta. Puedo irme por mi cuenta.

No hubo desafío en su voz.

Eso lo hizo peor.

—Es tarde.

—Son las siete.

—Prefiero que no regreses sola.

—Pedí un auto. Está por llegar.

Adrián sintió la línea con claridad. Antes, Victoria habría aceptado o, al menos, habría dudado para no hacerlo sentir rechazado. Ahora ya tenía sus propios movimientos decididos.

—No es necesario usar un servicio externo cuando estoy aquí.

Daniel bajó la mirada a su carpeta, dándoles espacio sin retirarse del todo. No intervino. No la defendió como si ella no pudiera hacerlo sola.

Ese respeto irritó a Adrián porque no podía acusarlo de nada.

Victoria notó la tensión.

—Adrián, no hagas esto aquí.

—No estoy haciendo nada. Solo quiero llevarte a casa.

—Y yo te estoy diciendo que no hace falta.

—¿Por qué te cuesta aceptar algo simple?

Victoria lo miró con calma.

—Porque contigo nada simple permanece simple.

Adrián apretó la mandíbula.

—No voy a discutir frente a tu equipo.

—Entonces no discutamos.

La respuesta fue una puerta cerrada con suavidad.

Victoria se giró hacia Daniel.

—Gracias por lo de hoy. Mañana revisamos con Camila a las nueve.

—Perfecto. Descansa, Victoria.

La despedida fue profesional. Sin coqueteo, sin doble sentido, sin nada que justificara los celos de Adrián. Y aun así le molestó.

Daniel saludó con una inclinación breve.

—Señor Montenegro.

—Reyes.

Cuando Daniel volvió al taller, Victoria permaneció junto a la acera.

Adrián se acercó un paso.

—No me gusta que te vayas sola.

—No voy sola. Voy en un auto que solicité.

—Sabes a qué me refiero.

—Sí. Te incomoda no decidirlo tú.

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