Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 50

Fernanda notó el cambio antes de que Adrián pudiera nombrarlo.

No fue algo evidente para todos. Regina seguía convencida de que su hijo solo estaba reaccionando por culpa. Isabel prefería pensar que Victoria atravesaba una etapa de rebeldía tardía. Ernesto hablaba de acuerdos, conveniencias y documentos, como si los sentimientos fueran una cláusula mal redactada.

Pero Fernanda veía los detalles.

Adrián preguntaba por Victoria cuando ella no estaba. Se quedaba callado al escuchar su nombre. Ya no reaccionaba igual cuando Regina la criticaba. Y cuando alguien mencionaba a Daniel Reyes, su rostro adoptaba esa rigidez que un hombre como Adrián solo mostraba cuando intentaba no parecer afectado.

Eso la inquietaba más que cualquier discusión.

Por eso lo esperó en la terraza interior después de la cena.

La noche estaba tranquila. Regina se había retirado a hacer llamadas, Isabel acompañaba a Ernesto y la enfermera había dejado a Fernanda descansando en un sillón amplio, con una manta sobre las piernas y una taza de té sobre la mesa.

Adrián llegó unos minutos después, quizá porque Regina le había dicho que ella quería verlo. No parecía molesto, pero sí cansado.

—¿Te sientes bien? —preguntó.

Fernanda sonrió con suavidad.

—Sí. Solo quería hablar contigo.

Él se sentó frente a ella.

—Dime.

Fernanda sostuvo la taza entre las manos, aunque no bebió.

—¿Sientes algo por Victoria?

La pregunta fue directa, pero dicha con una voz tan baja que parecía casi frágil.

Adrián se quedó quieto.

—¿Por qué preguntas eso?

Fernanda inclinó apenas la cabeza.

—Porque te conozco.

Él apartó la mirada hacia el jardín.

—Victoria es mi esposa.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es mi responsabilidad.

La frase salió demasiado rápido.

Fernanda lo notó. Adrián también, aunque intentó no demostrarlo.

—Tu responsabilidad —repitió ella con calma.

—Sí.

—¿Nada más?

Adrián volvió a mirarla.

—¿Qué quieres que diga?

Fernanda sonrió, pero la sonrisa no alcanzó a suavizar sus ojos.

—La verdad.

—La verdad es que todo se ha vuelto complicado.

—Siempre ha sido complicado, Adrián. Yo desperté y encontré a mi hermana casada contigo. No hay forma sencilla de decir eso.

Él respiró hondo.

—No quiero hacerte daño.

—Lo sé.

Fernanda bajó la mirada, usando el silencio como abrigo. Sabía que si presionaba demasiado, él se cerraría. Tenía que dejar que la culpa hiciera su parte.

—A veces pienso que tal vez debo aceptar que perdí mi lugar —dijo.

Adrián frunció el ceño.

—Fernanda…

—No lo digo para que me consueles. Solo intento entender. Antes, cuando me mirabas, yo sabía exactamente dónde estaba en tu vida. Ahora te veo mirar hacia la puerta cada vez que Victoria no está.

Él no respondió.

El silencio la hirió, pero también le dio información.

—No estoy enamorado de Victoria —dijo Adrián al fin.

La negación fue rápida. Demasiado rápida.

Fernanda lo miró con una serenidad casi perfecta.

—No dije que lo estuvieras.

Adrián cerró los dedos sobre el brazo del sillón.

—Entonces no hagas preguntas que solo buscan abrir dudas.

—Las dudas ya están ahí. Yo solo las dije en voz alta.

Él se levantó.

—No quiero discutir contigo.

—Yo tampoco.

Fernanda levantó el rostro con una expresión vulnerable, pero su voz mantuvo una calma calculada.

—Solo quiero saber si ahora también tengo que competir con Victoria.

Adrián se detuvo.

—No es una competencia.

—Para ti quizá no. Para nosotras siempre lo fue, aunque nadie quisiera admitirlo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO