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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 229

Ernesto bajó al nivel inferior de la estación sin dejar de buscar el abrigo que había reconocido en las grabaciones. Dos investigadores avanzaban detrás de él, apartando a los pasajeros que se cruzaban en su camino, pero la mujer parecía haberse desvanecido entre la multitud.

—¿La ve? —preguntó uno de ellos.

—No.

Ernesto giró hacia las máquinas de boletos y después hacia las escaleras. Había demasiadas salidas y rostros desconocidos. Podía estar a pocos metros o haber subido ya a uno de los trenes.

—Tenemos que revisar los andenes.

—No podemos cerrar la estación sin apoyo de las autoridades.

—Entonces llamen a quien sea necesario.

El investigador no respondió. Se llevó una mano al auricular y comunicó la descripción de la mujer mientras su compañero regresaba por la maleta abandonada.

En el vehículo, Isabel observaba las cámaras desde una tableta. Victoria y Adrián continuaban conectados desde la mansión.

—No aparece en la salida norte —informó Isabel—. Tampoco en el acceso principal.

—Puede haberse cambiado de ropa —dijo Victoria.

Adrián pidió revisar las grabaciones de los sanitarios y los establecimientos cercanos. No podían ver el interior, pero sí a quienes entraban y salían.

Uno de los investigadores llamó a Ernesto.

—Encontramos una maleta. Necesitamos que vuelva.

—Ella no puede estar lejos.

—Perseguirla sin saber quién la espera podría llevarlo hacia otra trampa.

Ernesto apretó el teléfono.

—Estuvimos a punto de alcanzarla.

—Lo importante es que ya sabemos que no es Fernanda. Ahora necesitamos descubrir quién la contrató.

La observación lo obligó a detenerse. Había viajado para encontrar a su hija, no para permitir que la frustración lo empujara a cometer el mismo error que criticó en Adrián.

Cuando regresó, un agente examinaba la maleta. Después de confirmar que no representaba un riesgo, la abrió sobre una mesa apartada. En el interior había varias prendas, dos pares de gafas y una carpeta con fotografías.

Isabel tomó una de ellas.

—Esta imagen fue tomada después de que Fernanda despertó.

Victoria la reconoció.

—Es del evento de la fundación.

—No estaba publicada completa —recordó Adrián—. La recibió el equipo de comunicación de mi madre.

Isabel extrajo más fotografías. Algunas mostraban a Fernanda caminando por los jardines de la mansión Altamirano. Otras habían sido captadas durante consultas médicas y reuniones privadas.

—Alguien la estuvo siguiendo —murmuró.

Debajo de las fotografías encontraron una libreta. Las primeras páginas contenían anotaciones sobre la forma de caminar de Fernanda, la inclinación de su cabeza y la manera en que sostenía el bolso.

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