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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 24

Regina organizó la cena formal por la recuperación de Fernanda como si se tratara de un asunto de familia y de reputación al mismo tiempo.

Invitó a socios importantes, médicos cercanos a la fundación del hospital y algunos amigos antiguos de los Montenegro. No era una celebración grande, según sus propias palabras, pero Victoria sabía que en esa casa nada era pequeño cuando Regina lo dirigía.

Desde temprano, Victoria coordinó con el personal.

Revisó la mesa, confirmó el menú, pidió que ajustaran el número de lugares y se aseguró de que Fernanda tuviera una silla cómoda cerca de Adrián. Lo hizo porque era práctico, no porque no le doliera.

En teoría, ella debía ocupar el lugar de esposa.

En la práctica, ese lugar cambiaba de dueño según la necesidad de la familia.

Cuando bajó al comedor, ya vestida para la cena, encontró a Regina revisando las tarjetas con los nombres de los invitados.

—Victoria, justo quería hablar contigo —dijo la madre de Adrián.

—¿Hay algún cambio?

Regina tomó una tarjeta y la movió de sitio.

—Sí. Fernanda se sentará junto a Adrián.

Victoria miró la mesa principal.

Su nombre había sido desplazado dos lugares hacia la izquierda, lejos de Adrián y junto a un socio de la empresa Montenegro.

—Entiendo —dijo.

Regina alzó la mirada.

—El médico dijo que no conviene alterarla. Necesita sentirse segura, y Adrián es quien mejor puede tranquilizarla.

Victoria sintió el golpe, pero mantuvo la compostura.

—Claro.

—Sabía que lo comprenderías.

Victoria miró su tarjeta sobre el nuevo sitio asignado.

Comprender.

Siempre le pedían eso. Comprender a Fernanda. Comprender a Adrián. Comprender a Regina. Comprender a sus propios padres. Nadie parecía pensar que ella también necesitaba ser comprendida.

Los invitados llegaron poco después.

Adrián entró con Fernanda tomada de su brazo. Ella llevaba un vestido claro y caminaba con lentitud. Al ver la mesa, dudó con una sonrisa breve.

—No quiero causar molestias —dijo.

Regina se acercó de inmediato.

—Ninguna molestia, querida. Te sentarás junto a Adrián.

Fernanda miró a Victoria.

—¿Estás segura de que no te incomoda, Vicky?

La pregunta fue dulce. Demasiado dulce.

Varias miradas se dirigieron a Victoria.

—No te preocupes —respondió ella—. Lo importante es que estés cómoda.

Adrián no dijo nada.

Ese silencio bastó para confirmar la decisión.

La cena comenzó con conversaciones amables. Los invitados felicitaron a Fernanda por su recuperación, hablaron del hospital y elogiaron la fortaleza de ambas familias. Victoria respondió cuando le hablaron, pero la conversación principal ocurría a su derecha, donde Adrián y Fernanda compartían recuerdos de la universidad.

—¿Te acuerdas del profesor Salazar? —preguntó Fernanda.

Adrián sonrió.

—El que siempre decía que llegar tarde era una falta de carácter.

—Y tú llegabas temprano solo para burlarte de mí cuando yo entraba corriendo.

—Porque siempre decías que estabas a cinco minutos y estabas a veinte.

Fernanda soltó una risa suave.

—Tú eras demasiado serio.

—Alguien tenía que serlo.

Los invitados cercanos sonrieron. Regina miraba la escena con satisfacción. Isabel, sentada al otro lado, parecía conmovida.

Victoria tomó agua y escuchó sin intervenir.

No conocía esas historias. No había estado en esos pasillos ni en esas cenas improvisadas ni en esos días donde Adrián había aprendido a mirar a Fernanda como si fuera parte de su futuro.

Ella llegó después.

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