Fernanda pidió visitar su antiguo departamento una tarde después de terapia.
Adrián estaba revisando las indicaciones del médico cuando ella se lo dijo. No había nadie más en la sala pequeña de la mansión Montenegro. Regina había salido a atender una llamada e Isabel descansaba en la habitación de invitados.
—Quiero ir al departamento —dijo Fernanda.
Adrián levantó la mirada.
—¿A tu departamento?
—Sí.
—No sé si sea buena idea. El doctor dijo que no debes cansarte demasiado.
Fernanda sostuvo sus manos sobre la manta.
—Necesito recordar. Todo el mundo me habla de lo que pasó, de lo que cambió, de lo que debo aceptar. Pero yo siento que desperté en una vida que no entiendo.
Adrián cerró la carpeta médica.
—Podemos pedirle al doctor que lo autorice.
—No quiero convertirlo en otro trámite. Solo quiero ir un rato. Contigo.
La última palabra quedó entre ellos.
Adrián dudó, pero no demasiado.
—Está bien. Te llevo.
No llamó a Victoria. No le envió un mensaje. No pensó que tuviera que hacerlo. En su mente, aquello era parte de la recuperación de Fernanda, un paso necesario para ayudarla a ubicarse en el presente.
El departamento seguía cerrado desde el accidente.
La familia Altamirano había pagado mantenimiento durante años, incapaz de venderlo o vaciarlo. Adrián tenía una copia de la llave porque en ese tiempo él y Fernanda entraban y salían con naturalidad, como dos personas que ya daban por hecho un futuro común.
Al abrir la puerta, Fernanda se quedó quieta.
—Todo sigue igual —murmuró.
Adrián encendió la luz.
—Tu madre no quiso mover nada.
Fernanda avanzó despacio. Tocó el respaldo de una silla, miró los libros en una repisa y se detuvo frente a una pared donde había varias fotografías enmarcadas.
En una aparecía con Adrián en la universidad. Él llevaba camisa arremangada, ella sostenía una carpeta contra el pecho y ambos parecían reír por algo fuera de la imagen.
Fernanda tomó el marco con cuidado.
—Éramos felices.
Adrián no respondió.
No podía negarlo.
Fernanda siguió mirando la fotografía.
—A veces siento que todos me piden aceptar que perdí años, pero nadie entiende que para mí todo esto acaba de pasar. Te vi ayer, Adrián. Para mí, te vi ayer.
Él se acercó.
—Lo sé.
—No, no lo sabes.
La voz de Fernanda tembló. No de manera teatral. Solo lo suficiente para que Adrián se tensara.
—Yo desperté y tú estabas casado con mi hermana.
Adrián bajó la mirada.
—Fernanda…
—No estoy reclamándote. Sé que no fue simple. Sé que todos tuvieron razones. Pero no puedo mirar esas fotos y fingir que no me duele.
Dejó el marco sobre la mesa y se cubrió el rostro con una mano.
Adrián se acercó más.
—No quiero que esto te lastime.
—Entonces dime algo.
Él esperó.
Fernanda levantó la mirada. Tenía los ojos húmedos.
—¿Alguna vez dejaste de amarme?
La pregunta lo dejó sin respuesta inmediata.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....