Marcos sostuvo a Fernanda con un brazo mientras mantenía el arma dirigida hacia Daniel. Ella apenas conseguía apoyar los pies y cada movimiento extendía el dolor desde el costado hasta la espalda. Aun así, se obligó a permanecer erguida. No quería que Daniel interpretara su debilidad física como otra oportunidad para decidir por ella.
—Suelta lo que tienes en el saco —ordenó Marcos.
Daniel retiró lentamente la mano.
—Estás cometiendo otro error.
—El peor fue creerte.
—El peor fue pensar que Fernanda te elegiría después de despertar.
Marcos no respondió. La ayudó a salir de la oficina y comenzó a retroceder hacia el área de proveedores. La respiración de ella se volvió irregular, pero ninguno podía detenerse.
—Ordena que abran las puertas.
—No llegarás hasta ellas cargándola.
—Entonces procura que nadie me detenga.
Daniel observó a Fernanda con una mezcla de reproche y superioridad que ella reconoció de inmediato, pues durante años había mirado a los demás de la misma manera.
—Mírate. Dependiendo otra vez del hombre que permitió que te operaran.
Fernanda sostuvo su mirada. Las palabras le dolieron porque contenían una verdad que no podía negar. Marcos había participado, había guardado silencio y había permitido que otros utilizaran su cuerpo. Pero Daniel no se lo recordaba para ayudarla a reconocerlo, sino para dejarla sin ningún aliado.
—Al menos dejó de fingir que lo hizo por mi bien.
La respuesta endureció la expresión de Daniel.
—Yo salvé a tu hermana.
—Utilizándome.
—Victoria habría muerto.
El nombre de su hermana cayó sobre Fernanda con todo el peso de sus decisiones. Ella se había negado a ayudarla. Durante años deseó ocupar su lugar, recibir la atención que Victoria parecía obtener sin pedirla y demostrar que era la hija que merecía ser admirada. Cuando tuvo la oportunidad de salvarla, eligió el resentimiento.
Aquello tendría consecuencias que ninguna disculpa podría borrar.
—Pudiste buscar otra solución —respondió.
—No había tiempo.
—Siempre hay tiempo para preguntar antes de decidir sobre el cuerpo de otra persona.
—Tú te negaste a ayudarla.
Fernanda recibió el golpe sin apartar la mirada.
—Sí. Fui cruel y tendré que vivir con eso. Tendré que mirar a Victoria y aceptar lo que hice, si ella permite que me acerque. Pero mi crueldad no convierte la tuya en algo correcto.
Daniel no respondió. Fernanda comprendió que su culpa había sido una herramienta para él. Mientras ella se sintiera demasiado avergonzada para señalarlo, Daniel podría presentarse como el hombre que hizo lo necesario para salvar una vida.
Marcos continuó retrocediendo. Uno de los guardias movió discretamente una mano hacia su cintura.
—No lo intentes —advirtió.
El hombre se detuvo.
Daniel dirigió entonces su atención hacia Marcos.
—Cuando llegues con sus padres, Fernanda dirá que la secuestraste. No recordará que pagué tus deudas ni que te ofrecí una vida con ella.
—No me ofreciste una vida. Me diste una razón para seguir haciendo lo que querías.
—Aceptaste porque sabías que nunca la tendrías de otra manera.
Marcos apretó la mandíbula.
—Lo sé.
Fernanda volvió el rostro hacia él. No esperaba aquella admisión. Marcos solía justificar cada decisión asegurando que lo había hecho porque la amaba, como si esa palabra pudiera transformar el control en protección.
—Pensaste que, si despertaba sin Adrián y sin su familia, tendría que elegirte —continuó Daniel—. ¿Ahora quieres convencerla de que cambiaste?
—No tiene que creerme.
—Entonces, ¿por qué estás haciendo esto?
Marcos miró a Fernanda. En sus ojos ya no encontró a la mujer que debía escapar con él, sino a alguien a quien había herido mientras fingía salvarla.
—Porque ella no me debe nada.
La afirmación desarmó algo dentro de Fernanda. Durante su relación, Marcos había convertido sus sacrificios en pruebas que ella debía recompensar. Cada riesgo, cada mentira y cada plan de fuga terminaban colocándola bajo una deuda emocional. Escucharlo renunciar a esa deuda no borraba lo sucedido, pero demostraba que finalmente entendía una parte del daño.
—Entrégate —le dijo Fernanda—. Si salimos, debes contar todo.
—Lo haré.
—No para recuperarme ni para conseguir que te perdone.
Marcos sostuvo su mirada.
—Lo haré porque es la verdad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....