Fernanda consiguió soltarse de uno de los hombres y cayó nuevamente junto a Marcos. El golpe contra el suelo agravó el dolor de su costado, pero apenas lo sintió. La camisa de él estaba cubierta de sangre y la presión de su mano ya no bastaba para contenerla.
—Llamen a una ambulancia —exigió.
Nadie se movió.
Daniel guardó el arma con una tranquilidad que la hizo comprender que nunca había considerado la posibilidad de salvarlo.
—No llegará a tiempo.
—Entonces llama al médico que me operó.
—No trabaja para salvar traidores.
Fernanda colocó ambas manos sobre la herida de Marcos. La sangre se filtró entre sus dedos y él cerró los ojos. Su respiración era cada vez más débil.
—Mírame —pidió ella—. ¿Qué pieza?
Marcos tardó en reaccionar.
—La de la exhibición.
—Había decenas.
—La que dijiste que parecía hecha por alguien que odiaba a todo el mundo.
El recuerdo regresó con una claridad dolorosa. Fernanda había recorrido aquella exposición criticando cada obra para disimular lo incómoda que se sentía entre personas que parecían conocer más que ella. Marcos se había reído de sus comentarios y, por unas horas, le permitió dejar de representar a la heredera perfecta. Años después compró aquella estructura metálica, aunque ella nunca entendió por qué conservaba algo que ambos habían despreciado la noche en que se conocieron.
—¿Dónde está?
—En el departamento que Daniel vació.
Daniel dio un paso hacia ellos.
—¿Qué escondiste?
Marcos abrió los ojos y lo miró.
—Todo lo necesario.
—No tienes nada que pueda relacionarme con la cirugía.
—Transferencias, mensajes y registros del hospital.
—Todos llevan tu nombre.
—También guardé tu voz.
La seguridad de Daniel se quebró durante un instante. Fernanda lo notó en la rigidez de su rostro y comprendió que Marcos decía la verdad.
—Está mintiendo —intervino uno de los guardias.
—Revisen sus pertenencias —ordenó Daniel—. La bodega, el departamento y los vehículos. No dejen nada sin abrir.
Fernanda sostuvo el rostro de Marcos para obligarlo a concentrarse en ella.
—¿Cómo abro la pieza?
—La base tiene un tornillo distinto. Dentro hay una memoria y una llave.
—¿Una llave de qué?
—De una caja con copias.
Daniel se inclinó.
—Dime dónde está.
Marcos mostró una sonrisa débil.
—¿No eras tú quien siempre sabía todo?
Daniel lo tomó de la camisa, pero Fernanda golpeó su mano.
—¡Déjalo!
Él la miró con desprecio.
—Marcos te entregó a los médicos y todavía intentas salvarlo.
La acusación atravesó la confusión que Fernanda se esforzaba por contener. No sabía si trataba de salvar al hombre que creyó haber amado o a quien representó durante años la posibilidad de escapar. Tal vez sufría por ambos, aunque ninguno hubiera existido como ella quiso creer.
—No lo estoy perdonando —respondió—. Estoy evitando que vuelvas a decidir quién merece vivir.
Daniel se enderezó.
—Él aceptó cada parte del plan.
—Lo sé.
Marcos movió ligeramente la cabeza.
—Fernanda.
Ella volvió hacia él.
—Aquí estoy.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....