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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 243

Fernanda observó cómo sacaban el cuerpo de Marcos por la misma puerta que ambos habían estado a punto de cruzar. Nadie le permitió acercarse de nuevo. Un guardia recogió el arma del suelo mientras otro limpiaba las superficies que habían tocado durante el intento de escape.

Daniel daba instrucciones con una tranquilidad inquietante. Ordenó borrar grabaciones, cambiar horarios y preparar una versión para justificar el disparo. Fernanda comprendió que no era la primera ocasión en que convertía un crimen en una historia conveniente.

Fue entonces cuando la voz que vivía en su cabeza regreso insistente y comenzó a culparla. Marcos seguiría vivo si ella no le hubiera exigido intentar escapar. Fernanda cerró los ojos. Había muchas razones para sentirse culpable, pero aquella muerte pertenecía a quien había levantado el arma. Debía aprender a reconocer sus errores sin aceptar también los de Daniel.

—¿Qué harán con él? —preguntó Fernanda.

—Eso ya no te corresponde.

—Su familia debe saberlo.

—Marcos no tenía una familia interesada en buscarlo.

—Yo sabré que lo mataste.

Daniel se volvió hacia ella.

—Tú estabas secuestrada por tu antiguo amante. Intentaste escapar y él resultó herido durante una disputa con otros delincuentes.

Fernanda lo miró con incredulidad.

—¿Crees que alguien aceptará eso?

—Las cámaras lo muestran trasladándote, los pagos llevan a sus cuentas y los documentos falsos fueron utilizados por él. Incluso viajó a Italia para alcanzar a una mujer que se hizo pasar por ti.

—Porque tú se lo ordenaste.

—No existe nada que pueda demostrarlo.

Fernanda recordó la memoria escondida dentro de la pieza. Daniel ignoraba qué contenía y dónde se encontraba. Si descubría que ella entendió la pista, enviaría a sus hombres directamente al departamento.

—Si Marcos tuviera pruebas, las habría utilizado para negociar antes.

—Intentó hacerlo.

—Solo quería asustarte. Siempre guardaba objetos para darles un significado que no tenían.

Daniel se acercó.

—¿Qué pieza mencionó?

Fernanda permitió que el agotamiento dominara su expresión.

—No lo sé. Hablaba de la noche en que nos conocimos.

—Dijo que buscaras dentro.

—Marcos conservaba cartas, fotografías, entradas y objetos que para él significaban algo. Podría referirse a cualquiera.

—¿Dónde están?

—En distintos departamentos. Nunca me explicó que guardaba en cada uno.

Daniel la observó durante varios segundos, buscando una contradicción.

—Regístrenlos todos —ordenó a sus hombres—. Quiero cada objeto antes del amanecer.

Fernanda bajó la mirada para ocultar el miedo. Si encontraban la estructura metálica, perdería la única oportunidad de demostrar lo ocurrido. Quiso recordar cada detalle de la obra, pero el dolor y la pérdida de sangre comenzaban a confundir sus pensamientos.

Uno de los médicos entró para revisar su herida. Protestó al descubrir que había caminado y pidió trasladarla a un hospital.

—No —respondió Daniel.

—Puede desarrollar una infección grave.

—Atiéndala aquí.

—No tengo el equipo necesario.

Daniel lo tomó del brazo y lo alejó unos pasos, aunque Fernanda alcanzó a escuchar parte de la conversación.

—La moveremos esta noche.

—No resistirá otro traslado largo.

—Entonces asegúrate de que lo haga.

El médico regresó y preparó un analgésico. Fernanda intentó apartar el brazo, pero Daniel la sujetó.

—Necesitas descansar.

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