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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 248

Adrián reunió a los abogados esa misma tarde. Victoria entró al despacho después de asegurarse de que Camille y Mathis continuaran con sus clases. No quería que escucharan otra conversación capaz de aumentar su temor a ser separados.

Sobre la mesa había copias del expediente francés, la resolución temporal de custodia y los documentos del divorcio. Verlos juntos le recordó que cada cambio en su relación con Adrián también afectaba la seguridad de los niños.

—Necesito que me expliquen todas las alternativas —dijo Adrián.

El abogado principal abrió una carpeta.

—El proceso comenzó cuando ustedes todavía estaban casados. El divorcio modificó las condiciones bajo las cuales se presentó la solicitud.

—Los niños ya viven aquí —señaló Victoria—. ¿Eso no tiene valor?

—Tiene mucho. Existe un vínculo demostrado y las evaluaciones han sido favorables. El problema es definir quién asumirá legalmente la responsabilidad.

Adrián se inclinó hacia la mesa.

—Los dos.

—Podemos solicitar una tutela compartida temporal, pero la adopción conjunta requerirá demostrar una relación estable o esperar a que regularicen nuevamente su situación.

—¿Regularizar? —repitió Victoria.

—Volver a casarse facilitaría parte del proceso.

Adrián la miró, pero no respondió. Victoria reconoció la tentación de elegir aquella salida. Casarse resolvería algunos obstáculos, reduciría preguntas y permitiría presentar una familia legalmente unida. Sin embargo, aceptar por miedo a perder a Camille y Mathis convertiría su reconciliación en otro acuerdo.

—No vamos a casarnos únicamente porque resulte útil para un expediente —aclaró.

—No pretendía sugerirlo —respondió el abogado—. Solo explico el camino más sencillo.

—En esta familia, lo más sencillo ya decidió demasiadas cosas por mí.

Adrián sostuvo su mirada.

—Victoria tiene razón. Encuentre otra opción.

Uno de los abogados más jóvenes intervino.

—Podemos solicitar que uno figure temporalmente como responsable principal y el otro como tutor autorizado.

—¿Quién asumiría la custodia principal? —preguntó Victoria.

—El señor Montenegro inició el proceso, posee la residencia donde viven y presentó las garantías económicas.

La respuesta despertó una incomodidad inmediata. Victoria imaginó su nombre reducido a una autorización temporal, como si el vínculo que había construido con los niños dependiera nuevamente de Adrián.

—Entonces yo quedaría como una presencia secundaria.

—Solo hasta completar otro procedimiento.

Adrián cerró la carpeta.

—No.

—Señor, sería la vía más rápida.

—No voy a pedirle a Victoria que acepte otro lugar temporal dentro de mi familia.

Ella lo observó. Tiempo atrás, Adrián habría elegido la solución práctica y esperado que comprendiera. Ahora rechazaba una ventaja legal porque reconocía lo que significaba para ella.

—¿Puede solicitar Victoria la custodia principal? —preguntó él.

Los abogados intercambiaron miradas.

—Su estado de salud será revisado con mayor profundidad.

—Mi trasplante no me impide cuidar a los niños —respondió Victoria.

—No afirmamos eso. Sin embargo, cualquier persona interesada en cuestionar el proceso podría utilizarlo.

—¿Qué persona? —preguntó Adrián.

—Todavía no existe una impugnación, pero hay familiares en Francia que podrían aparecer si conocen el expediente.

—Se negaron a recibirlos.

—Eso no impide que intenten reclamar derechos después, especialmente si consideran que pueden obtener algún beneficio.

Victoria pensó en Camille guardando una mochila por si tenía que marcharse y en Mathis recorriendo la casa durante la noche para comprobar que nadie se había ido. Una decisión apresurada podría dejarlos expuestos a otra separación.

—No quiero un documento obtenido mediante contactos —dijo—. Si alguien puede impugnarlo después, vivirán esperando que vuelvan a sacarlos de esta casa.

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