Daniel apareció en el horario que se tenía previsto, acompañado por dos hombres pero, Fernanda supo que algo había cambiado apenas lo vio entrar. No llevaba la calma con la que solía esconder sus intenciones; miró la habitación, la computadora y las vendas como si esperara encontrar una respuesta entre ellas.
—Te llevarán a una revisión.
Fernanda se incorporó con esfuerzo.
—La enfermera dijo que necesitaba un hospital.
—Recibirás atención.
—No es lo mismo.
Daniel indicó a uno de los hombres que acercara la silla.
—No estás en posición de discutir.
Fernanda guardó silencio. La memoria continuaba oculta entre las vendas. Había pasado la noche pensando cómo sacarla sin que Daniel la descubriera, pero no encontró una solución segura. La consulta podía ser su única oportunidad.
Antes de salir, una enfermera revisó su ropa. Palpó los bolsillos, examinó el interior de sus zapatos y retiró una horquilla de su cabello.
—¿También vas a revisar la herida? —preguntó Fernanda.
La mujer vaciló. Daniel observaba desde la puerta.
—Solo las vendas exteriores.
Fernanda contuvo la respiración mientras la enfermera revisaba el vendaje. La memoria estaba colocada cerca de la cicatriz, protegida por una gasa doblada. Si la mujer introducía los dedos un poco más, la encontraría.
—Está limpio —dijo al final.
Daniel se acercó.
—¿Segura?
—Sí.
Fernanda lo miró sin bajar los ojos.
—¿Temes que esconda un arma?
—Temo que sigas creyendo que puedes engañarme.
Durante el trayecto permaneció junto a la ventanilla, contando giros y semáforos. No podía ver todo porque los vidrios estaban cubiertos, pero memorizó los tiempos entre cada detención. Cualquier detalle podía servir si lograba regresar con su familia.
La clínica ocupaba un edificio pequeño sin letreros. La llevaron por un acceso lateral y la registraron con otro nombre. El médico que la recibió evitó hacer preguntas delante de Daniel.
Cuando quedaron junto a la camilla, retiró las vendas y frunció el ceño.
—La herida presenta complicaciones.
—¿Qué significa? —preguntó Fernanda.
—Necesita estudios y vigilancia constante. Debería permanecer hospitalizada.
Daniel intervino:
—Puede recibir tratamiento donde está.
—No tengo manera de garantizarlo. Si desarrolla una infección más grave, requerirá una intervención.
Fernanda observó al médico.
—Entonces ingréseme.
Él miró a Daniel antes de responder.
—No puedo hacerlo sin documentación.
—Tiene mi nombre.
—El nombre con el que llegó no coincide con los estudios.
Daniel se acercó.
—Envíe las muestras al hospital que le indiqué y entregue el tratamiento necesario.
El médico apretó los labios, pero obedeció. Fernanda comprendió que no era completamente leal a Daniel. Le temía o dependía de él, pero todavía reconocía el riesgo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....