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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 251

La enfermera de recepción estuvo a punto de enviar el sobre al laboratorio sin revisarlo. Ya lo había colocado junto a los estudios pendientes cuando el nombre escrito detrás de una de las hojas la hizo detenerse.

Victoria Altamirano.

Había trabajado durante el trasplante y recordaba el revuelo provocado por aquella paciente, la discreción del expediente y las órdenes contradictorias que llegaron durante esas horas. Dio vuelta a la hoja y leyó el mensaje.

Daniel mató a Marcos.

La mujer llamó al especialista que el señor Montenegro había contratado para atender a la señora Victoria después de dejar en claro en que no confiaba en los otros médicos. Él apareció pocos minutos después, cerró la puerta y ordenó que nadie registrara la recepción del paquete en el sistema general.

—¿Y la policía? —preguntó ella.

—También les avisaremos, pero antes debemos asegurar el contenido.

Adrián llegó acompañado por su investigador y dos agentes. Victoria bajó del vehículo detrás de él, decidida a descubrir qué había enviado su hermana.

—No deberías estar aquí —dijo Adrián.

—El sobre lleva mi nombre.

—También puede contener algo peligroso.

—Entonces lo enfrentaremos juntos.

Él pareció dispuesto a insistir, pero Victoria sostuvo su mirada. Estaba cansada de recibir verdades incompletas bajo el argumento de que pretendían protegerla. Daniel había utilizado esa misma excusa para controlarla y no permitiría que el miedo de Adrián terminara pareciéndose a aquello.

Entraron en una sala apartada, donde el médico colocó el paquete sobre una mesa.

—La memoria venía escondida entre varios estudios médicos. El mensaje parece escrito con prisa.

Victoria reconoció la letra de Fernanda. Había visto suficientes notas suyas durante la infancia, siempre ordenadas y cuidadas. Aquellos trazos eran irregulares, pero pertenecían a ella.

—Está viva —murmuró.

La certeza no le produjo todo el alivio que esperaba. También significaba que Fernanda había permanecido consciente el tiempo suficiente para esconder la memoria y arriesgarse a enviarla. Si Daniel descubría lo que había hecho, podía decidir que ya no le servía.

El investigador conectó la memoria a un equipo protegido. Aparecieron varias carpetas con transferencias, fotografías y documentos del hospital clandestino. Adrián abrió un archivo de audio y la voz de Daniel llenó la sala.

—La donante no debe despertar antes de la extracción.

Victoria sintió que algo se tensaba bajo su cicatriz. Sabía que el riñón provenía de Fernanda, pero escuchar cómo habían decidido utilizar su cuerpo convirtió la verdad en algo más difícil de soportar. Durante meses creyó que Daniel la había salvado por amor, cuando en realidad había sometido a su hermana para mantenerla con vida y asegurarse un lugar a su lado.

—No tienes que seguir escuchando —dijo Adrián.

—Sí tengo.

No quería hacerlo, pero necesitaba conocer todo lo ocurrido. Apartarse no liberaría a Fernanda ni cambiaría el origen del órgano que ahora formaba parte de ella.

Otro archivo mostraba a un médico hablando de la falta de consentimiento. Daniel respondió que Victoria no sobreviviría y que él asumiría el costo de cualquier problema.

—Habla de mi vida como si fuera una transacción —murmuró ella—. Como si salvarme le concediera el derecho de poseerme.

Adrián cerró los dedos alrededor de los suyos.

—Tú no sabías nada.

—Pero Fernanda estaba atada mientras yo despertaba creyendo que Daniel me había salvado.

—La culpa no es tuya.

Victoria sabía que tenía razón, aunque eso no volvía más sencilla la idea de vivir gracias a una decisión tomada contra su hermana. Dentro de ella se mezclaban el resentimiento por lo que Fernanda le había hecho, la compasión y una culpa que no sabía dónde colocar.

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