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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 260

La reunión comenzó después del mediodía. Adrián había pedido a los abogados que explicaran los avances de la adopción sin ocultar información, aunque evitando alarmar a Camille y Mathis, quienes permanecían en el salón de clases con una profesora particular. Victoria, Regina e Isabel ocuparon sus lugares alrededor de la mesa.

Élise apareció con una bandeja antes de que el personal pudiera detenerla.

—No era necesario que atendieras la reunión —dijo Victoria.

—Quería asegurarme de que tuvieran todo lo necesario.

Adrián apenas levantó la mirada. Desde que descubrieron las fotografías, evitaba quedarse a solas con ella y había ordenado que ninguna conversación sobre los niños se realizara sin Victoria. Élise percibía ese distanciamiento como una humillación, pues durante el traslado desde Francia él confiaba en cada una de sus recomendaciones y ahora la trataba como una amenaza.

Cuando llegó a su lado, inclinó la copa y derramó el contenido sobre su camisa.

—Lo siento muchísimo.

Adrián se levantó mientras ella tomaba una servilleta e intentaba acercarse.

—Permítame ayudarlo.

—Puedo hacerlo solo.

Victoria observó a la niñera. Su reacción parecía avergonzada, pero había algo calculado en la forma en que dirigió la mirada hacia la escalera. Después de las fotografías, ya no podía considerar aquello un simple accidente.

Adrián subió a cambiarse y regresó pocos minutos después. Durante su ausencia, Victoria sintió la antigua inquietud despertar, aunque se obligó a seguir el tiempo en el reloj. No quería desconfiar de cada movimiento, pero tampoco ignoraría las señales por miedo a parecer insegura.

—Voy a revisar que Mathis continúe en clase —anunció Élise.

Victoria siguió su recorrido hasta que desapareció en el pasillo. Los abogados explicaron que las declaraciones de Fernanda podían generar nuevas preguntas sobre la estabilidad familiar, aunque colaborar con las autoridades demostraba que la mansión ya no intentaba esconder sus conflictos.

—Necesitamos que cualquier cambio de personal sea informado —advirtió uno de ellos—, especialmente si afecta a la cuidadora principal.

Victoria pensó en Élise.

—Todavía no hemos tomado una decisión.

—Conviene esperar hasta que termine la siguiente evaluación.

La recomendación confirmó el riesgo de despedirla de inmediato. Élise conocía el proceso y podía utilizar su salida para presentarse como una cuidadora castigada por expresar preocupaciones legítimas.

Mientras la reunión continuaba, ella subió por la escalera de servicio. Sabía que Mathis estaba con Camille y que Adrián permanecía abajo; aun así, preguntó a una empleada si había visto al niño.

—Está en clase.

—Creí escucharlo arriba.

La mujer dudó, pero Élise ya se alejaba. Entró en la habitación de Adrián utilizando una llave que conservaba desde los días en que organizó el traslado. La camisa manchada estaba sobre una silla y la dejó junto a la cama antes de sacar una prenda propia que llevaba escondida bajo el uniforme.

La colocó entre las sábanas, desordenó las almohadas y dejó uno de sus pendientes junto a la cabecera. Después se soltó parte del cabello y guardó el otro pendiente en el bolsillo. La escena debía parecer reciente e íntima, algo que ninguna explicación consiguiera borrar de la memoria de Victoria.

Clara cruzaba el pasillo de servicio cuando vio salir a Élise con la camisa de Adrián doblada contra el cuerpo. Recordó las advertencias de Regina y activó la cámara de su teléfono antes de acercarse.

—¿Qué haces aquí?

Élise se detuvo.

—Buscaba a Mathis.

—Está con la profesora.

—Lo sé ahora.

Clara señaló la camisa.

—Eso pertenece al señor Adrián.

—Se manchó durante la reunión. Iba a llevarla a lavandería.

—La lavandería está en el otro lado.

Élise sonrió con aparente tranquilidad.

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