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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 262

Clara permaneció inmóvil mientras Victoria esperaba una explicación. La mujer que durante años le llevó una taza de té cuando nadie notaba su cansancio, que guardó silencio junto a ella después de las humillaciones de Regina y que parecía comprender cuánto le dolía ocupar el lugar de Fernanda, ahora evitaba mirarla.

—Dime que está mintiendo —pidió Victoria.

Clara abrió la boca, pero no consiguió hacerlo.

Élise aprovechó.

—Tengo mensajes y comprobantes. Daniel pagó el tratamiento de su hijo.

—No hables de Eduardo —dijo Clara.

—¿Por qué? Todo lo hiciste por él, ¿no es eso lo que dirás?

Adrián se interpuso.

—Entrega el teléfono.

Élise se lo dio al hombre de seguridad después de abrir una carpeta con capturas. Había mensajes enviados desde números que Victoria reconoció entre los archivos de Daniel.

Uno decía: Adrián firmó frente a Fernanda. Puedo sacar los documentos cuando termine la reunión. Otro confirmaba la entrega del sobre a un mensajero.

Victoria leyó dos veces.

—Fuiste tú.

Clara levantó el rostro con los ojos húmedos.

—Yo creí que estaba ayudándola.

—¿Ayudándome a qué?

—A liberarse del señor Adrián.

Adrián tensó la mandíbula, pero permitió que Victoria dirigiera la conversación.

—¿Por qué no me preguntaste?

—Usted ya había solicitado el divorcio. Se marchó de la mansión y dijo muchas veces que no quería continuar viviendo así.

—Eso no te daba derecho a tomar documentos de su despacho.

—Daniel dijo que el señor Adrián los retendría para obligarla a regresar.

Victoria recordó la noticia transmitida en televisión, las cámaras esperando fuera del despacho de Rivas y la sensación de descubrir que estaba legalmente divorciada mediante un escándalo que nunca eligió.

—Después viste lo que ocurrió —dijo—. ¿Por qué no hablaste?

Clara apretó las manos.

—Tuve miedo.

—¿De Daniel?

—De él, de perder mi trabajo y de que suspendiera el tratamiento de Eduardo.

Élise soltó una sonrisa de desprecio.

—Siempre existe una razón conveniente.

Regina apareció en la puerta. Había escuchado suficiente para comprender el centro de la discusión.

—Tú no utilizarás a ese niño para humillarla.

Élise se volvió.

—Solo estoy diciendo la verdad.

—La utilizas después de fabricar una escena en la cama de mi hijo.

—Clara también manipuló a la familia.

—Y responderá por ello. Eso no te concede superioridad.

Victoria miró a Regina. Le sorprendía escucharla defender a Clara, aunque todavía no podía apartarse de la herida que acababa de descubrir.

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