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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 265

Clara abandonó la sala acompañada por uno de los hombres de seguridad. No llevaba esposas ni la trataban como a una delincuente, pero la ausencia del uniforme y la manera en que mantenía la cabeza baja hacían que pareciera otra mujer. Victoria la siguió con la mirada hasta que desapareció.

—Quiero revisar el expediente de Eduardo —dijo.

Adrián se volvió hacia ella.

—Puedo pedir que lo envíen.

—No. Quiero hablar con el médico.

—Victoria, no tienes que encargarte de esto.

—No me estoy encargando de Clara. Estoy preguntando por un niño enfermo.

Adrián reconoció la diferencia. Hizo una llamada y consiguió una cita esa misma tarde. Durante el trayecto, Victoria permaneció callada. La traición de Clara seguía doliendo de una manera difícil de explicar. Fernanda, Regina e incluso Daniel habían actuado desde intereses que ella conocía. Clara, en cambio, fue una de las pocas personas que le ofrecieron afecto cuando la mansión le recordaba diariamente que no pertenecía allí.

—Todavía no puedo creerlo —murmuró.

—Daniel sabía cómo acercarse a ella.

—Eso no cambia que le contó cosas sobre mí.

—No.

Victoria agradeció que no intentara justificarla. Clara tuvo miedo, pero también eligió guardar silencio cuando Victoria descubrió el divorcio en televisión.

—¿Crees que estoy equivocada por venir? —preguntó.

—Creo que puedes ayudar a Eduardo y seguir molesta con su madre.

—Todos esperan que una cosa elimine la otra.

—Yo no.

Adrián tomó su mano y Victoria permitió el contacto. Cuando llegaron al hospital, el especialista los recibió en un consultorio pequeño. Sobre el escritorio había varios estudios.

—Eduardo tiene una condición que requiere un procedimiento especializado —explicó—. El tratamiento inicial logró estabilizarlo, pero no es suficiente.

—¿Por qué no se realizó antes? —preguntó Adrián.

—Los pagos se suspendieron. La persona que cubría los gastos solicitaba cada etapa por separado.

Victoria comprendió la intención.

—Daniel quería que Clara continuara necesitándolo.

El médico no confirmó el nombre, aunque su silencio resultó suficiente.

—¿Cuánto tiempo puede esperar? —preguntó ella.

—No recomiendo retrasarlo más.

Una enfermera entró para avisar que Eduardo había terminado sus estudios. El niño apareció poco después en una silla, acompañado por una asistente. Era más pequeño de lo que Victoria imaginaba. Clara hablaba de él con tanta frecuencia que terminó construyendo en su mente la imagen de alguien mayor.

—¿Usted es la señora Victoria? —preguntó Eduardo.

Ella se acercó.

—Sí.

—Mi mamá dice que usted siempre fue buena con ella.

La frase le produjo un dolor inesperado.

—Tu mamá también fue buena conmigo durante mucho tiempo.

No era mentira. Quizá eso volvía la traición más difícil.

Adrián se presentó y Eduardo lo observó con cierta preocupación.

—¿Mi mamá está despedida?

Victoria miró al médico, quien fingió revisar los documentos.

—Estamos resolviendo algunos asuntos —respondió Adrián—. Ahora lo importante es tu tratamiento.

—Ella necesita trabajar para pagarlo.

—No tendrá que preocuparse por esto.

Eduardo pareció relajarse.

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