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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 5

Para sorpresa de Victoria, Adrián no se negó.

—Está bien mañana iré contigo —respondió.

Aun así, Victoria no sabía si había aceptado por preocupación o por obligación. Aunque su voz no mostró emoción, despertó en ella una expectativa que hacía tiempo no se permitía sentir. Aquella mañana se levantó temprano, se puso un vestido cómodo y guardó cuidadosamente sus estudios y el historial médico en una carpeta. No esperaba flores ni palabras de preocupación, solo que Adrián cumpliera su promesa.

Cuando bajó, él hablaba por teléfono en la sala. Al verla, levantó una mano para pedirle que esperara y cubrió el auricular con la palma.

—Saldremos en quince minutos.

Victoria asintió, se sentó en el extremo contrario del sofá y colocó la carpeta sobre sus piernas.

Volvió a revisar todos los documentos.

La noche anterior había comprobado dos veces que estuvieran completos. También los había revisado al despertar. Sin embargo, no pudo evitar hacerlo nuevamente, como si aquel gesto fuera capaz de aliviar la inquietud que sentía.

Adrián terminó pronto la llamada, tomó su café y se acercó a ella.

—¿Todavía te sientes mal?

—No. Es solo una revisión de rutina.

—Entonces no debería tardar demasiado.

Lo dijo con naturalidad.

No sonaba indiferente, pero tampoco intentaba consolarla. Simplemente estaba expresando un hecho.

Victoria sonrió y cerró la carpeta.

—Eso espero.

En ese momento, el teléfono que estaba sobre la mesa volvió a sonar.

Al reconocer el tono, Victoria sintió que el pecho se le tensaba.

Adrián miró la pantalla.

La llamada provenía del Hospital San Gabriel.

Respondió sin dudarlo.

—Doctor Ramírez.

Victoria no supo qué le dijeron, pero la expresión tranquila del hombre se volvió cada vez más seria. Los dedos con los que sostenía el teléfono se cerraron con fuerza.

—¿Está seguro?

Guardó silencio mientras escuchaba.

—¿Cuándo comenzó?

Otra pausa.

—De acuerdo. Iré enseguida.

Cuando pronunció aquellas últimas palabras, Victoria ya conocía la respuesta.

No necesitaba preguntar.

La llamada tenía que estar relacionada con Fernanda.

Adrián colgó y tomó el abrigo que descansaba sobre el sofá.

—Fernanda reaccionó durante la estimulación neurológica de esta mañana. El médico quiere que vaya inmediatamente.

Al decirlo, finalmente apareció una emoción en sus ojos.

Era la esperanza que llevaba tres años reprimiendo.

Victoria se levantó lentamente.

—Pero tenemos la cita a las diez y media.

Los movimientos de Adrián se detuvieron durante un instante, como si hasta ese momento hubiera recordado la promesa que le había hecho.

—Lo sé.

Decía que lo sabía, pero sus pasos no se detuvieron.

Victoria lo observó en silencio. No lo presionó ni volvió a recordárselo. Simplemente esperó a que tomara una decisión.

Después de unos segundos, Adrián habló:

—Le pediré a Manuel que te lleve. Si el médico necesita alguna explicación, me pondré en contacto con él más tarde.

Victoria lo miró.

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