Adrián empezó a estar más pendiente de Victoria desde el día del sobre.
No lo admitió en voz alta. Ni siquiera ante sí mismo. Se dijo que era normal. Que después de descubrir la solicitud del departamento tenía derecho a preocuparse. Que los rumores seguían circulando, que Daniel Reyes pasaba demasiado tiempo cerca de ella y que Victoria estaba tomando decisiones importantes en medio de una tensión familiar que todavía podía dañarla.
Todo sonaba razonable cuando lo pensaba así.
Pero la verdad era menos cómoda.
Quería saber dónde estaba.
Con quién hablaba.
A qué hora volvería.
Y sobre todo, cuánto de su vida seguía quedando dentro de la casa Montenegro.
La mañana siguiente, bajó al comedor antes de lo habitual. Victoria estaba sentada frente a una taza de café, revisando algo en su libreta. No parecía sorprendida al verlo, pero sí levantó la mirada con una cautela breve.
—Buenos días —dijo ella.
—Buenos días.
Adrián se sentó frente a ella. Clara apareció para servirle café y luego se retiró con discreción.
Durante unos minutos solo se escuchó el sonido de las tazas y el roce de una página cuando Victoria cambió de hoja.
Adrián miró la libreta.
—¿Tienes reunión hoy?
Victoria no dejó de escribir.
—Sí.
—¿En el taller?
—Primero con Camila. Después en el taller.
—¿También estará Daniel?
La pluma de Victoria se detuvo apenas.
Luego siguió escribiendo.
—Daniel forma parte del proyecto.
Adrián reconoció el tono. No era evasivo. Era una advertencia tranquila de que esa conversación podía ir por mal camino si insistía.
—Lo sé —dijo.
—Entonces no entiendo la pregunta.
Él tomó la taza.
—Solo quería saber cómo estaría organizada tu agenda.
Victoria levantó la mirada.
—¿Para qué?
La pregunta era simple. Directa.
Adrián tardó un segundo de más en responder.
—Para estar al tanto.
—¿De mi trabajo o de mí?
La diferencia lo incomodó.
—De ambas cosas.
Victoria cerró la libreta con cuidado.
—Adrián, ayer hablamos de esto.
—Ayer hablamos del departamento.
—Hablamos de que no todo en mi vida tiene que pasar por ti.
Él se tensó.
—No estoy pidiendo control sobre tu vida.
—Pero estás preguntando como si necesitaras un reporte.
—No lo llames así.
—Entonces no lo hagas sentir así.
Adrián dejó la taza sobre el plato.
—Hay rumores, Victoria. Hay gente hablando de ti, de Reyes, de la campaña. No me parece absurdo querer saber dónde estás o con quién.
—Los rumores no se detienen vigilándome.
—No quiero vigilarte.
—Entonces confía.
La palabra quedó entre ellos con una dificultad evidente.
Adrián no pudo responder de inmediato.
Victoria lo miró con una mezcla de cansancio y comprensión. Antes, esa atención suya la habría conmovido. Antes habría interpretado cada pregunta como un signo de interés, cada llamada como una posibilidad de ser elegida. Habría sentido una esperanza torpe al verlo pendiente de su salida, su regreso, su agenda.
Ahora no.
Ahora su atención llegaba envuelta en urgencia, celos mal disimulados y miedo a perder acceso. Y Victoria, que había pagado demasiado caro por confundir migajas con amor, ya no quería equivocarse otra vez.
—No necesito vigilancia —dijo—. Necesito respeto.
Adrián bajó la mirada.
—Me preocupo por ti.
—Quizá una parte de eso sea verdad.
Él levantó el rostro.
—¿Quizá?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....