Victoria llegó al despacho del licenciado Riva.
No había corrido desde el hospital. No lloró en el auto ni llamó a Laura o a Daniel. Solo pidió que la llevaran con el abogado y guardó silencio todo el camino.
La escena seguía fija en su mente.
Fernanda aferrada a la mano de Adrián.
Adrián diciendo: Estoy aquí.
Victoria ya no necesitaba convertirlo en una acusación. El patrón estaba claro desde hacía demasiado tiempo.
Cuando la secretaria la anunció, Rivas salió a recibirla con su seriedad habitual.
—Victoria. No esperaba verla hoy.
—¿Tiene tiempo?
Él la observó un segundo.
—Sí. Pase.
El despacho transmitía un orden que le dio a Victoria una calma extraña.
Allí nadie hablaba de Fernanda como una herida sagrada. Nadie la llamaba fuerte para obligarla a soportar más. Nadie esperaba que sonriera por el bien de la familia.
Rivas cerró la puerta.
—¿Ocurrió algo?
Victoria dejó la carpeta sobre el escritorio.
—Quiero saber qué necesitamos para iniciar el proceso de divorcio de forma discreta.
El abogado no se mostró sorprendido, pero su mirada se volvió más atenta.
—¿Está segura de que quiere avanzar ya?
Victoria se sentó.
—Quiero entender el camino completo. Y si legalmente podemos empezar, quiero hacerlo.
Rivas tomó una carpeta del cajón.
—Como le expliqué antes, el acuerdo matrimonial original tiene algunas cláusulas que permiten una separación formal si ambas partes reconocen que el objetivo patrimonial del matrimonio ya no aplica en los mismos términos. El despertar de su hermana cambia parte del contexto familiar, aunque no elimina los derechos adquiridos durante estos años.
Victoria escuchó con atención.
—No quiero usar a Fernanda como argumento.
—No se trata de usarla. Se trata de hechos. El matrimonio nació bajo circunstancias específicas. La situación actual permite replantear la continuidad, siempre que usted pueda demostrar voluntad clara y ausencia de coacción.
Victoria bajó la mirada a sus manos.
Voluntad clara.
Qué extraño sonaba eso después de años de vivir dentro de decisiones que otros acomodaban por ella.
—¿Puede hacerse sin escándalo?
—Sí. Podemos preparar una solicitud inicial, una propuesta de convenio y una ruta de negociación privada. Si el señor Montenegro coopera, no tendría por qué llegar a una disputa pública.
—¿Y si no coopera?
Rivas apoyó los antebrazos sobre el escritorio.
—Entonces el proceso se vuelve más difícil, pero no imposible. Mi obligación es advertirle que él tiene recursos, influencia y vínculos legales con los acuerdos familiares. Si reacciona mal, podría retrasarlo.
Victoria pensó en Adrián preguntándole por el departamento, en su rostro al escuchar que ella había pagado un anticipo, en su frase: No quiero que te vayas.
—No creo que quiera hacerme daño —dijo.
—A veces las personas no necesitan querer hacer daño para causar mucho daño.
Ella levantó la mirada.
El abogado continuó:
—Si el señor Montenegro intenta retenerla por culpa, por costumbre o por presión familiar, el resultado puede ser igualmente desgastante para usted.
Victoria no respondió de inmediato.
La palabra retener le pesó.
Adrián no era cruel de forma evidente. No la encerraba, no la insultaba, no la amenazaba. Pero durante años su silencio la mantuvo esperando, y su indecisión la dejó en un lugar donde nunca se sintió elegida.
Ahora, incluso su miedo podía volverse otra cadena, aunque tuviera una forma más amable.
—No quiero destruir a su familia —dijo Victoria.
—Eso ya me lo dejó claro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....