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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 68

Regina organizó la reunión familiar sin invitar a Victoria.

En su mensaje a Adrián escribió que necesitaban hablar de la fundación, la imagen pública y los próximos pasos tras la recuperación de Fernanda. La forma era elegante. El fondo, evidente.

Victoria seguía siendo la esposa legal de Adrián, pero ya no era considerada parte de las decisiones sobre su propio futuro.

Adrián llegó al salón principal con incomodidad. Regina estaba sentada en el sofá central, con una carpeta sobre las piernas. Isabel permanecía junto a Fernanda, quien lucía serena, casi tímida, como si tampoco quisiera estar allí.

Adrián conocía demasiado bien esa clase de escena.

—¿Dónde está Victoria? —preguntó antes de sentarse.

Regina levantó la mirada.

—No la necesitamos para esta conversación.

La respuesta le tensó la mandíbula.

—Si la conversación involucra su vida, sí.

Fernanda bajó los ojos.

—Adrián, tu madre solo quiere evitarle un momento incómodo.

Él miró la carpeta de Regina.

—¿De qué quieren hablar?

Regina respiró con paciencia.

—De orden. Esta familia lleva demasiado tiempo en una situación ambigua. Fernanda despertó, la prensa vuelve a interesarse y tu posición no puede seguir pareciendo indefinida.

—Mi posición no es un comunicado.

—No, pero afecta a la empresa, la familia y los socios. Victoria cumplió una función importante dentro del acuerdo, nadie lo niega.

Adrián la miró con frialdad.

—No hables de ella como si hubiera cubierto una vacante.

Regina se quedó quieta.

—No tergiverses. Sabes a qué me refiero. Ese matrimonio nació por una emergencia familiar. Fue una solución temporal ante una tragedia.

—Temporal o no, Victoria fue mi esposa durante años.

—Y por eso debe cerrarse con cuidado.

La palabra le molestó. Como si Victoria fuera un expediente que podían guardar cuando dejara de ser útil.

Adrián se sentó, pero no se relajó.

—¿Qué propones?

Regina abrió la carpeta.

—Una separación discreta. Sin escándalos. Podemos hablar con los Altamirano, establecer una narrativa adecuada y proteger a Victoria de comentarios desagradables.

Adrián soltó una respiración breve.

—Qué considerado de tu parte.

Regina ignoró el tono.

—Después, con el tiempo prudente, podrías retomar públicamente tu vínculo con Fernanda. No hablo de forzar nada. Hablo de devolver estabilidad a una historia que todos conocen.

Fernanda intervino con voz baja.

—Regina, quizá no es el momento…

Adrián la miró. Parecía incómoda, pero no sorprendida.

—¿Tú también piensas eso?

Fernanda sostuvo su mirada apenas un segundo.

—Yo no quiero presionarte.

—No pregunté eso.

El silencio se volvió pesado.

Fernanda entrelazó los dedos sobre su regazo.

—Solo creo que todos necesitamos saber dónde estamos parados.

Adrián asintió despacio, como si acabara de recibir una respuesta que no quería oír.

Regina retomó el control.

—Victoria no tiene por qué salir perjudicada. Se le puede reconocer lo que hizo y asegurarle una posición social digna. Pero su presencia no puede seguir confundiendo a todos.

—¿Confundiendo a todos o incomodándote a ti?

—Adrián.

—No.

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