Victoria llegó al despacho del licenciado Rivas veinte minutos antes de la cita.
No quiso esperar en el auto. Tampoco quiso llamar a nadie para llenar el silencio. Subió al cuarto piso con una carpeta contra el pecho y se sentó en la recepción, mirando las plantas junto a la ventana como si necesitara fijarse en algo quieto para no pensar demasiado.
La secretaria la reconoció de inmediato.
—Señora Montenegro, el licenciado aún está en una llamada. Puede pasar en unos minutos.
Victoria levantó la mirada.
—Altamirano —corrigió con calma.
La secretaria parpadeó, incómoda.
—Disculpe.
—No se preocupe.
La corrección no fue un gesto de orgullo. Fue una necesidad pequeña, pero firme. Ese día iba a firmar papeles que podían empezar a separarla legalmente de un nombre que había llevado durante años sin llegar a sentirlo suyo.
Cuando Rivas abrió la puerta de su oficina, su expresión fue seria.
—Victoria. Pase.
El despacho estaba ordenado, silencioso, demasiado limpio para algo tan doloroso. Sobre el escritorio había varios documentos preparados, una pluma y una carpeta nueva con su nombre impreso.
Victoria se sentó.
—Traje lo que me pidió —dijo, colocando sus documentos sobre la mesa.
—Perfecto. Revisé el acuerdo matrimonial original, los anexos patrimoniales y la cláusula de disolución privada. Podemos iniciar formalmente el proceso.
Aunque ya lo sabía, escucharlo en voz alta le apretó el pecho.
—¿Qué implica exactamente?
Rivas tomó el primer documento.
—Hoy firma la autorización para que yo prepare y presente la notificación inicial. Después, Adrián Montenegro deberá recibirla. La propuesta puede mantenerse discreta si ambas partes cooperan. También definiremos domicilio separado, compensaciones si las hubiera y renuncia a cualquier reclamo que usted no desee ejercer.
Victoria entrelazó los dedos.
—No quiero pelear por dinero.
—Lo sé.
—Tampoco quiero dañar a la familia.
El abogado la miró con paciencia.
—Salir de un matrimonio no es dañar a una familia, Victoria.
Ella bajó los ojos.
—En esa casa lo verían distinto.
—En esa casa han visto muchas cosas desde la conveniencia.
La frase quedó suspendida entre ambos.
Victoria pensó en la escena de esa mañana. Adrián intentando hablar, Fernanda cayendo justo en el momento exacto, Regina pidiendo ayuda, ella saliendo sin reclamar. Todo se había repetido con tanta naturalidad que ya ni siquiera necesitaba enojarse.
—No se lo he dicho a Adrián —admitió.
—¿Por qué?
Victoria miró la carpeta nueva.
—Porque intentaría detenerme.
—¿Cree que podría convencerla?
La pregunta fue profesional, pero no fría.
Victoria tardó en responder.
—No con razones limpias.
Rivas no insistió.
Ella continuó, más bajo:
—Me diría que espere. Que no es momento. Que todo es complicado. Que Fernanda todavía se está recuperando. Que la familia necesita calma. Y yo he vivido años esperando que el momento correcto aparezca para mí.
Rivas apoyó los documentos frente a ella.
—Entonces hablemos claro. Firmar esto no significa que mañana esté divorciada. Significa que usted inicia formalmente una salida. Puede haber negociación. Puede haber resistencia. Puede doler.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....