El local era pequeño, pero Victoria se quedó inmóvil apenas entró.
No tenía mármol, ni techos altos, ni una recepción diseñada para impresionar a nadie. Era un espacio sencillo, con paredes claras, ventanales hacia una calle tranquila y una habitación al fondo que podía convertirse en sala de muestras. Había polvo en las esquinas y una mesa vieja olvidada junto a la pared, pero Victoria no vio abandono.
Vio posibilidad.
Daniel entró detrás de ella con la carpeta bajo el brazo.
—No es grande —dijo—, pero tiene buena luz y está cerca del taller.
Victoria caminó hasta la ventana.
—No necesito grande.
—Podrías poner el área de trabajo aquí. Al fondo, muestras. Y si después crece, se busca algo más amplio.
Ella pasó los dedos sobre el marco de la ventana.
—Suena extraño.
—¿Qué cosa?
Victoria miró el espacio vacío.
—Imaginar algo mío con tanta facilidad.
Daniel no respondió enseguida. No quiso llenar la frase con entusiasmo innecesario.
—No tiene que estar perfecto desde el inicio —dijo al fin—. Solo tiene que ser tuyo.
Victoria giró hacia él.
—Mi nombre en la puerta.
Daniel sonrió apenas.
—Victoria Altamirano. Dirección creativa.
Ella soltó una respiración breve, emocionada y nerviosa al mismo tiempo.
—Da miedo.
—Las cosas importantes suelen darlo.
Victoria caminó hacia la habitación del fondo. Imaginó una mesa de trabajo, estantes con materiales, bocetos pegados en paneles, clientes entrando para hablar de ideas que no dependieran de la aprobación Montenegro. No era solo una oficina. Era una vida tomando forma fuera de la mansión.
—No quiero apresurarme —dijo.
—No tienes que hacerlo hoy. Solo quería que lo vieras.
—Gracias.
Daniel la miró con calma.
—No tienes que agradecerme cada vez que alguien te abre una puerta que tú misma te ganaste.
Victoria bajó la mirada, tocada por la frase.
—Todavía estoy aprendiendo a creer eso.
—Pues aprende con calma.
Desde la acera de enfrente, Adrián los vio a través del ventanal.
Había ido al edificio cercano por una reunión que terminó antes de lo previsto. Al salir, reconoció el auto del equipo de Camila y después la silueta de Victoria dentro del local, caminando junto a Daniel.
Se quedó quieto.
No había nada indebido en la escena. Daniel mantenía distancia, hablaba con la carpeta en la mano, señalaba el espacio como un profesional. Victoria lo escuchaba, atenta, serena.
Eso no calmó a Adrián.
Al contrario.
La molestia le subió al pecho con una claridad incómoda. No era solo celos. Era el miedo de mirar desde afuera una vida donde Victoria ya imaginaba puertas, paredes y rutinas sin él.
Cruzó la calle sin pensarlo.
La campanilla de la entrada sonó cuando abrió.
Victoria giró de inmediato.
Daniel también.
—Adrián —dijo ella, sorprendida.
Él miró alrededor antes de responder.
—¿Qué es esto?
Victoria sostuvo su mirada.
—Un local.
—Eso lo veo.
Daniel intervino con tono sereno.
—Es una opción para el proyecto independiente de Victoria. Solo vinimos a revisarlo.
Adrián lo miró.
—No le pregunté a usted.
La frase fue seca, pero no insultante.
Daniel no se alteró.
—Lo entiendo.
Victoria dio un paso al frente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....