Adrián buscó a Victoria esa noche.
No la llamó desde el pasillo ni mandó a Clara a avisarle. La encontró en el estudio pequeño, revisando unas notas de la reunión y corrigiendo cifras en su computadora.
Tocó la puerta.
Victoria levantó la mirada.
—¿Necesitas algo?
—Hablar contigo.
Ella observó su rostro un instante. No había enojo ni esa tensión autoritaria con la que solía acercarse cuando algo escapaba de su control.
—Pasa.
Adrián entró y cerró la puerta, pero se quedó cerca de ella, sin invadir el espacio.
Victoria guardó el documento.
—¿Qué ocurre?
Él había pensado muchas veces en esa conversación, aunque nunca con una pregunta concreta. Sin embargo, al tenerla frente a él, entendió que cualquier explicación sobre el presente iba a ser inútil si no miraba primero lo que había ocurrido entre ellos.
—¿Alguna vez fuiste feliz conmigo?
Victoria se quedó quieta.
La pregunta la tomó desprevenida. No porque fuera difícil responderla, sino porque Adrián nunca había querido mirar su matrimonio con tanta cercanía. Durante años, ambos hablaron de compromisos, familia, apariencias y deberes. Nunca de felicidad.
—¿Por qué me preguntas eso ahora?
Adrián sostuvo su mirada.
—Porque empiezo a pensar que no sé casi nada de lo que has vivido a mi lado.
Victoria bajó la vista hacia sus manos.
Podía haberle recordado cada cena ignorada, cada noche esperando, cada ocasión en que él la dejó fuera para correr hacia Fernanda. Pero no quiso convertir la conversación en una lista de heridas.
—Hubo días en los que me conformé con creer que podía ser feliz contigo.
La respuesta salió suave.
Eso la hizo más devastadora.
Adrián sintió que algo le pesaba en el pecho.
—¿Conformarte?
Victoria asintió.
—A veces cenabas conmigo. O me preguntabas si estaba cansada. Había noches en que volvías temprano y te quedabas en la misma habitación. Yo tomaba esas cosas pequeñas y las convertía en algo más grande porque necesitaba creer que nuestro matrimonio podía cambiar.
Él no encontró cómo responder.
—No sabía que lo vivías así.
—Ese fue parte del problema. Nunca quisiste saberlo.
No hubo dureza en su voz. Solo cansancio.
Adrián caminó hasta el otro lado del escritorio.
—Te hice sentir sola.
—Sí.
La sinceridad lo golpeó.
—No era mi intención.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué parece que eso no sirve de nada?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....