Victoria salió de la reunión con la sensación de haber dado otro paso importante.
La empresa interesada en la campaña ocupaba varios pisos de un centro empresarial en el norte de la ciudad. La conversación había sido exigente, pero productiva. Le habían pedido ajustes, nuevas proyecciones y una propuesta más ambiciosa para la siguiente fase.
Daniel caminaba a su lado, revisando unos mensajes por alguna razón se mostraba más atento a ella que de costumbre.
—La reunión salió mejor de lo que esperaba —dijo.
Victoria presionó el botón del elevador.
—Eso suena poco alentador.
—Significa que esperaba más resistencia.
—La hubo.
—Y la manejaste bien.
Victoria asintió. Ya no rechazaba cada reconocimiento por costumbre. Aún le costaba recibirlo, pero empezaba a entender que aceptar su propio mérito no la volvía arrogante.
Las puertas del elevador se abrieron.
—Voy por el auto —dijo Daniel—. ¿Me esperas en la entrada me gustaría que fuéramos a comer para platicar?
—Claro.
Victoria bajó sola hasta el vestíbulo. Mientras cruzaba el área de recepción, un hombre que esperaba junto a una columna levantó la mirada.
Se quedó observándola más tiempo de lo normal.
Victoria lo notó, pero siguió caminando.
—Victoria Altamirano.
La forma en que pronunció su nombre la obligó a detenerse.
Giró con cautela.
El hombre tendría poco más de treinta años. Vestía de manera sencilla, pero segura, como alguien que no necesitaba encajar para ocupar espacio. Había algo en su expresión que no le gustó. No era admiración ni curiosidad casual.
Era algo que ella no sabía entender.
—¿Nos conocemos? —preguntó.
Él sonrió apenas.
—No directamente.
Victoria sostuvo su mirada, pero se sintió intranquila.
—Entonces no entiendo cómo sabe quién soy.
—Tu familia aparece bastante en medios. Y últimamente tú también.
—Eso no explica por qué me mira como si supiera algo de mí.
El hombre inclinó un poco la cabeza, estudiándola.
—Te pareces menos a Fernanda de lo que imaginaba.
La mención de su hermana cambió el aire entre ambos.
—¿Conoce a Fernanda?
—Conocí una versión de ella.
Victoria frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Él miró hacia la salida, como si comprobara que nadie prestaba atención.
—Significa que es curioso cómo todos creen conocer la verdad cuando solo conocen la historia detrás de lo que realmente fue.
Victoria permaneció inmóvil.
—¿La verdad sobre qué?
—Sobre el accidente. Sobre la boda. Sobre muchas cosas.
El tono ambiguo la incomodó más que una acusación directa.
—Si tiene algo que decir, dígalo.
El hombre soltó una sonrisa breve.
—No pareces tan paciente como tu hermana.
—No me conoce.
—Tampoco conoces bien a tu hermana.
La frase la golpeó, aunque no quiso mostrarlo.
Durante años, Victoria había creído conocer a su hermana lo suficiente para entender sus silencios, sus preferencias, incluso sus crueldades. Pero el accidente había convertido a Fernanda en una figura intocable, una mujer sobre la que todos hablaban como si su vida anterior hubiera sido perfecta. Lo cual distaba mucho de ser cierto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....