Victoria despertó antes de que sonara la alarma y, durante unos segundos, permaneció inmóvil. Entonces recordó que estaba en su departamento, un lugar pequeño, modesto y todavía incompleto, pero completamente suyo.
Se levantó y caminó descalza hasta la ventana. Desde allí no podía ver los jardines de la mansión Montenegro ni la entrada llena de coches, sino edificios cercanos, personas comenzando el día y el movimiento habitual de la calle.
Había menos lujo, pero también menos tensión.
Sacó su ropa de la maleta y se sorprendió de ver un vestido que había usado durante una cena con Adrián. Penso que lo había dejado en la mansión.
Al sostenerlo, recordó aquella noche.
—¿Te gusta? —le preguntó cuando él entró en la habitación.
Adrián levantó la mirada del teléfono apenas unos segundos.
—Sí.
Victoria esperó algo más antes de insistir.
—¿Solo sí?
Él la observó con mayor atención, como si acabara de reparar en el vestido.
—Te ves bien.
No había sido una mala respuesta, pero tampoco la que ella esperó durante toda la tarde mientras se preparaba pensando que quizá esa noche él la miraría de una manera distinta.
Doblando la prenda, la guardó en el armario y luego encontró un suéter gris que tampoco recordaba haber echado, Adrián se lo había comprado durante uno de sus viajes.
—No sabía qué talla eras —le dijo al entregárselo. —Pero supuse te quedaría bien.
Ella había sonreído.
—No importa soy feliz con lo que me des.
—Pruébatelo antes de asegurar eso.
El suéter le quedó perfecto y, cuando regresó con él puesto, Adrián la observó durante unos segundos.
—Ese color te queda bien.
Victoria había conservado ese recuerdo durante meses ilusionada.
Y no pudo evitar pensar que todavía amaba una parte de Adrián: aquella que podía ser atenta sin proponérselo. Nego con la cabeza para sí misma, no iba a castigarse por seguir sintiendo algo, aunque ahora sabía que amar a alguien no significaba regresar con él.
Después de cerrar el cajón, llevó los documentos a la mesa de la sala y empezó a organizarlos.
También preparó una lista de pendientes, aquellas tareas eran sencillas, pero comenzaban a darle forma a una rutina que dependía únicamente de ella.
Su nueva vida no era perfecta. Todavía tenía cajas sin abrir, una mesa demasiado pequeña y varias cosas por resolver, pero cada decisión le pertenecía.
Al terminar, tomó el teléfono y encontró varias llamadas perdidas de Adrián, además de algunos mensajes que todavía no había leído. Mantuvo el dedo sobre la pantalla mientras se preguntaba si él estaba molesto, si había leído la carta más de una vez o si pensaba pedirle que regresara.
Finalmente dejó el teléfono boca abajo.
No estaba huyendo de la conversación, solo quería que esa mañana le perteneciera solo a ella antes de volver a enfrentarse a todo lo que Adrián pudiera decirle.
Porque por fin podía respirar sin estar pendiente de nadie.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....