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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 94

Los inversionistas habían reservado un salón privado para recibirlos. Daniel ya estaba allí, conversando con dos de ellos, pero no se acercó de inmediato ni interrumpió cuando uno de ellos salió a recibir a Victoria.

—Un gusto, yo soy Victoria Altamirano, es muy agradable conocerlo finalmente —le dijo mientras estrechaba su mano.

—He revisado su propuesta y tengo varias preguntas.

Victoria respondió con una sonrisa profesional.

—Espero poder resolverlas todas.

El hombre la condujo hasta la mesa y la presentó ante el resto del grupo.

Nadie la identificó como la esposa de Adrian Montenegro ni preguntó por la familia a la que estaba ligada. Hablaron de su campaña, de las decisiones que había tomado durante la última presentación y de los resultados que esperaban obtener con ella al frente del proyecto.

—La propuesta visual tiene mucha fuerza —comentó uno de los inversionistas—, aunque nos preocupa que el mensaje pierda claridad al trasladarlo a otros mercados.

Victoria tomó asiento.

—Por eso sugerí que la identidad principal se conserve, pero que la comunicación se adapte según el público. No podemos presentar el mismo mensaje en todos los países y esperar una respuesta idéntica.

—¿Cambiaría el diseño?

—No por completo. Mantendría los elementos que permiten reconocer la marca, pero ajustaría la narrativa, las imágenes y algunos formatos de acuerdo con cada región.

El hombre revisó sus notas.

—Eso aumentará los costos iniciales.

—También reducirá el riesgo de lanzar una campaña que no conecte con el público.

Daniel la observó desde el otro lado de la mesa, pero dejó que respondiera sin intervenir.

Victoria continuó explicando la estrategia, los tiempos de coordinación y los ajustes necesarios para evitar retrasos. Propuso dividir la implementación en etapas, revisar los resultados de cada lanzamiento y modificar la inversión según el desempeño obtenido.

Los inversionistas escucharon con atención y hicieron preguntas reales, no por cortesía.

Cuando surgió una discusión sobre el equipo encargado de diseño, Daniel habló.

—La decisión final debe quedar en manos de Victoria. Ella ha coordinado el concepto desde el inicio y conoce las razones detrás de cada elemento.

Uno de los inversionistas miró hacia ella.

—¿Está de acuerdo con asumir esa responsabilidad?

—Sí —respondió—. Siempre que también tenga autoridad para corregir lo que no esté funcionando.

Daniel sonrió apenas.

—Eso estaba incluido.

Victoria sostuvo su mirada durante un instante antes de volver hacia los demás.

La cena avanzó entre cifras, fechas y decisiones. Ella eligió qué propuestas debían mantenerse, rechazó dos cambios que debilitaban la identidad del proyecto y acordó una nueva reunión con el equipo internacional.

Su talento empezaba a ser visible ante personas que antes quizá solo la habrían reconocido por su matrimonio.

Ahora escuchaban lo que tenía que decir.

Cuando sirvieron el postre, uno de los inversionistas levantó su copa.

—Espero que esta sea la primera de muchas campañas bajo su dirección, señorita Altamirano.

Victoria agradeció el comentario, aunque la forma en que la llamó le produjo una emoción difícil de explicar.

No señora Montenegro.

Victoria Altamirano.

Su propio nombre había bastado para darle un lugar en aquella mesa.

Daniel se inclinó un poco hacia ella.

—Lo hiciste muy bien.

—Todavía no han aprobado todo.

—Pero dejaron de preguntarse si puedes dirigirlo.

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