Fernanda llegó a la oficina de Adrián poco antes del mediodía.
No había avisado con anticipación. Solo apareció en la recepción con una expresión preocupada y pidió verlo unos minutos, asegurando que no quería interrumpir demasiado.
Cuando entró, Adrián estaba revisando un informe, aunque llevaba varios minutos leyendo la misma página sin entenderla.
—Espero no molestarte —dijo ella.
Él dejó el documento sobre el escritorio.
—¿Qué haces aquí?
Fernanda se acercó con cuidado.
—Vine a ver cómo estás.
Su voz era suave y su actitud parecía sincera. Llevaba un vestido claro, el cabello recogido y esa fragilidad controlada que siempre conseguía que los demás bajaran la guardia.
—Estoy bien —respondió Adrián.
Fernanda miró hacia los documentos del divorcio que seguían sobre una esquina del escritorio.
—No pareces estarlo.
Él no contestó.
Ella tomó asiento frente a él.
—Sé que lo de Victoria te afectó.
Adrián apoyó la espalda en la silla.
—No quiero hablar de ella contigo.
Fernanda fingió aceptar la distancia.
—Está bien. Solo pensé que quizá necesitabas que alguien te recordara que Victoria siempre fue más fuerte de lo que parecía.
La frase llamó su atención.
—¿Qué quieres decir?
—Que va a estar bien. Ella sabe cuidarse, sabe empezar de nuevo y siempre ha sido más independiente de lo que todos creen. Adrián la observó, no sabía si aquello era un elogio o una forma de restarle importancia a su partida.
Fernanda continuó:
—Tal vez este divorcio sea lo mejor para todos. A veces las cosas terminan porque ya cumplieron su propósito.
Adrián sintió una incomodidad inmediata.
—Mi matrimonio no cumplió un propósito y no se a terminado.
Fernanda bajó la mirada.
—No quise decirlo así.
—Entonces elige mejor tus palabras.
El cambio en su tono la hizo guardar silencio unos segundos.
Después respiró con calma.
—Solo intento decir que quizá todos podamos recuperar lo que perdimos.
Adrián sabía hacia dónde iba esa conversación antes de que ella terminara.
—Fernanda.
—El accidente cambió muchas cosas. Nos separó cuando todavía teníamos una vida planeada. Tú y yo no elegimos que todo terminara de esa manera.
Antes, escucharla hablar así le habría producido alivio.
Durante años se aferró a la idea de que la vida les debía una segunda oportunidad, de que todo lo que ocurrió después fue una desviación causada por el accidente.
Ahora esas palabras le resultaban ajenas, no lo tranquilizaban, lo incomodaban.
Fernanda se inclinó hacia él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....